http://10.47456/argumentum.v18.2026.48788

Crisis, grietas y
la lucha emancipatoria por la comida y la soberanía
alimentaria
Crisis,
cracks, and the emancipatory struggle for food and food sovereignty
Lúcia Dias da Silva
GUERRA
https://orcid.org/0000-0003-0093-2687
Ministerio de Ciencia,
Tecnología y Medio Ambiente
(CITMA) de Cuba. Instituto de Filosofía de La Habana.
Programa
de Doctorado en Filosofía y Pensamiento Emancipatorio. La Habana, Cuba.
e-mail: ludsguerra@gmail.com
Georgina Alfonso
GONZÁLES
https://orcid.org/0000-0003-4806-0304
Ministerio de Ciencia,
Tecnología y Medio Ambiente
(CITMA) de Cuba. Instituto de Filosofía de La Habana.
Programa
de Doctorado en Filosofía y Pensamiento Emancipatorio. La Habana, Cuba.
e-mail: ginantuna@gmail.com
Resumen: La humanidad ha experimentado una
crisis global del capitalismo, que se ha prolongado en todo el mundo desde
2008. Esto va acompañado de un escenario de policrisis
en que convergen y se interconectan varias crisis: la alimentaria (hambre,
producción de alimentos, obesidad, malnutrición), sanitaria, económica
(inflación y recesión), ecológica (climática y pandémica) y geopolítica (guerra
y divisiones internacionales). A los alrededores de la comida se construyen y
desafían relaciones de género e identidades individuales y colectivas. Así, el
presente trabajo aborda la lucha emancipatoria por la comida y la soberanía
alimentaria y los usos políticos del hambre desde la teoría a la práctica, desde América
Latina y el Caribe y sus nuevos contornos en el contexto contemporáneo.
Se trata de un estudio con enfoque crítico, que utiliza la elaboración teórica
histórico-materialista como método de investigación y la argumentación
dialéctica como método de exposición. Se busca comprender la crisis como las
grietas donde nosotros tenemos más posibilidad de eco de nuestras luchas
del-contra-más allá del capital.
Palabras clave: Marxismo. Capitalismo. Crisis. Comida.
Soberanía Alimentaria.
Abstract: Humanity is experiencing a global capitalist
crisis, which has been ongoing since 2008. This has been accompanied by a poly-crisis
in which several crises have converged and interconnected: food (hunger, food
production, obesity, and malnutrition), health, economic (inflation and
recession), ecological (climate and pandemic) and geopolitical (war and
international divisions). It is around food that gender relations, and
individual and collective identities, are constructed and challenged. This article
addresses the emancipatory struggle for food and food sovereignty, and the
political uses of hunger, from theory to practice, in Latin America and the
Caribbean, and its new contours within the contemporary context. This is a
critical study that uses historical-materialist theory as a research method and
dialectical argument as a method of exposition. It seeks to understand the
crisis as the cracks where we have the greatest possibility of echoing our
struggles against capital.
Keywords: Marxism. Capitalism. Crisis. Food. Food Sovereignty.
Enviado: 23.5.2025. Aceptado: 8.2.2026.
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1 Introducción
La humanidad ha
experimentado una crisis global del capitalismo, que se prolonga en todo el
mundo desde 2008. Su dinámica de destrucción con la lógica del capital con su
movimiento de totalización nos ataca, nos impone un progreso definido por la
ganancia y por el dinero, enredándonos en una lucha para integrar toda la
actividad humana bajo la lógica de la expansión del valor (Holloway, 2024;
2017). Esto va acompañado de un escenario de policrisis
que converge y se interconecta: alimentaria (hambre, producción de alimentos,
obesidad, malnutrición), sanitaria (como la de COVID-19), económica (inflación
y recesión), ecológica (climática y pandémica) y geopolítica (guerra y
divisiones internacionales) (Roberts, 2023). Desde la producción de patógenos
virulentos derivados de la forma en que se producen los sistemas
agroalimentarios del mundo (Cieza, 2020; Carnut; Mendes; Guerra, 2020) hasta la falta de acceso a una
alimentación y nutrición adecuadas, desde la destrucción de la naturaleza y de
los cultivos alimentarios hasta los usos políticos del hambre (Guerra, Carnut, 2021). Pero, en las palabras de Holloway (2024):
No tiene que ser así el mundo. No tiene que ser un mundo de
desaparecidos, de narcos, de genocidio, de violencia, de migración forzada, de hambre, de pobreza,
de cárceles, de calentamiento
global. Podría ser otro el mundo. Un mundo donde sentimos nuestra
riqueza, nuestro compañerismo,
nuestra creatividad, nuestra determinación de crear un mundo diferente, nuestra memoria de dolores y
luchas (Holloway, 2024,
p. 1).
La alimentación
y la nutrición humanas desempeñan un papel central en este debate. Alimentarse
ha sido productor y producto de ataques de diversas formas (Paschoa,
2009), hecho que justifica una mirada crítica a la articulación entre alimentación y el modo de producción capitalista a partir de esta crisis
de sociabilidad del
capital.
En la sociabilidad capitalista, el hombre, la
mujer, los niños y los más grandes están separados de los medios de producción, donde no disponen de la tierra, el arado o el bosque, ni de las herramientas de trabajo para producir su propia existencia.
Así, les queda la fuerza de trabajo con la que pueden
ofrecer su fuerza al mercado capitalista como elemento de intercambio
para garantizar una más de sus mercancías:
la mercancía-alimento.
Es en este contexto en el que los alimentos se convierten en mercancía
y sólo pueden obtenerse a través de otra forma:
el dinero (Daniel; Cravo,
2005).
No cabe duda
de que la alimentación y la nutrición humanas son
cuestiones complejas y multidimensionales que, sin duda, son esenciales
para la vida. Sin embargo, esto pone en
tensión la forma en que debemos pensar la alimentación, no sólo en términos del acto de comer; es decir, como una frecuencia
diaria de ingesta de alimentos en la que todo ser vivo necesita nutrientes y calorías,
sino también pensar cómo
este acto está estructurado
en y arraigado por la construcción del sistema de producción de alimentos en el modo de producción
capitalista.
Es en este
modo de producción donde hay
una concentración de los medios de producción (quienes producen los alimentos no son quienes los consumen)
y existe el fetiche de fomentar el
consumo de productos alimenticios
(Esteve, 2017), como los ultraprocesados[1]:
la comida-mercancía
de las masas, como por
exemplo, los alimentos como el
arroz, el maíz, el café, el frijol,
la soya, el cacao, el
azúcar, la carne y los jugos de frutas se han
convertido en mercancías y el foco central, en general, siempre ha sido el mercado
internacional, favoreciendo la
exportación de estos productos agropecuarios (Pompeia,
2021) a los países capitalistas centrales.
Y este modo de producción
ha provocado grandes trastornos productivos
y socioecológicos, con el
avance de las políticas neoliberales
aplicadas al campo, las estrategias
sociopolíticas y económicas internacionales que han sostenido la
producción agroindustrial a gran
escala y la intensificación
del monocultivo que favorece la
acumulación centralizada de capital (Benavides et
al., 2022; Foster, 2022).
Los patrones actuales de producción y consumo han demostrado que la humanidad corre un serio riesgo de enfrentarse a graves
problemas ambientales en las próximas décadas y eso ha llevado a un punto
de crisis histórica y destrucción
de los fundamentos materiales
de la vida humana (Robinson, 2021). En este sentido, los movimientos sociales campesinos tienen un papel esencial en la
lucha contra el hambre,
para la conquista de la tierra y las políticas públicas sociales necesarias para el desarrollo humano en el campo, buscando superar los obstáculos productivos y las barreras a la emancipación, que son mucho más políticas que
tecnológicas. Para la construcción
de una sociedad en la que la producción
tenga el espectro de necesidades (materiales e inmateriales) y el crecimiento se subordine a la
lógica de las necesidades
humanas (Novaes, 2023).
De esta manera el
trabajo aborda, a partir de un texto en modalidad ensayística, la lucha
emancipatoria por la comida y la soberanía alimentaria y los usos políticos del
hambre desde
América Latina y el Caribe, y sus nuevos
contornos en el contexto contemporáneo, buscando comprender la crisis como las
grietas donde nosotros tenemos más posibilidad de eco de nuestras luchas
del-contra-más allá del capital. Se trata
de un estudio con enfoque crítico que utiliza la
elaboración teórica histórico-materialista como
método de investigación, y la
argumentación dialéctica
como método de exposición.
2 La alimentación y la
nutrición en la actualidad desde América Latina y el Caribe y sus nuevos contornos en el contexto contemporâneo
El escenario
político en América Latina y el
Caribe, con el avance de la extrema derecha en el mundo, implica la negación de la alimentación como necesidad humana esencial para la vida, así como la negación de la cultura alimentaria y la falta
de respeto a la comensalidad[2] de la población y de los pueblos originarios.
También conduce a la negación del hambre
como problema estructural; es decir,
al rechazo a la noción obvia de que el enfoque de
la burguesía sobre la alimentación causa daños irreparables y deliberados
a generaciones de la clase trabajadora. Forzar a la población
a experimentar el hambre y el consumo de alimentos ultraprocesados
es una acción intencionada para forjar el uso político de la alimentación como maniobra de los intereses burgueses en esta sociabilidad que siempre se ha utilizado en el capitalismo, como arma de
guerra y asesinato social.
El modo de producción
capitalista contemporáneo ha
tenido consecuencias
ecológicas desastrosas (homogeneización y fragilidad de los ecosistemas). Todos estos cambios han tenido
importantes consecuencias sociales
y políticas para la vida humana y la
naturaleza (Foster, 2022).
En los países en desarrollo,
la situación socioeconómica
de la población es un aspecto importante que debe tenerse en cuenta.
Las desigualdades sociales
y económicas, las desigualdades étnico-raciales,
de género, del acceso y de la disponibilidad de alimentos, siguen siendo problemas estructurales que deben abordarse (Haddad et
al., 2016). La pobreza, por ejemplo, es una de las principales causas de mortalidad prematura en el escenario contemporáneo
y ha contribuido a enfermedades
que se expresan en
condiciones de salud comprometidas (Stringhini et al., 2017) y en
la dieta de la población (FAO, OPAS, OMS, 2016).
En El
Estado de la Seguridad
Alimentaria y Nutrición en el Mundo - SOFI (en la edición de 2025), donde se presentan los datos
y los análisis más recientes sobre el hambre, la seguridad
alimentaria y la nutrición
a nivel mundial, incluidas las estimaciones actualizadas sobre el costo y la asequibilidad
de las dietas saludables,
se destaca cómo la inflación elevada ha mermado el poder adquisitivo en numerosos países, y especialmente entre las poblaciones de ingresos bajos ha afectado el acceso
a dietas saludables (FAO, 2025). Datos
de los últimos seis años muestran que las tendencias del hambre y la
inseguridad alimentaria todavía
no avanzan en la dirección adecuada
para acabar con eso de acuerdo com la Meta 2.1 de los ODS, y que el mundo no va camino a eliminar todas las formas de malnutrición (meta
2.2 de los ODS) para 2030 (FAO, 2024). A pesar de la ligera mejora en la
prevalencia del hambre en América Latina y Caribe
(ALC), esta sigue siendo
una región muy afectada y con importantes
desigualdades subregionales (América del Sur, América Central y el Caribe) (FAO, 2023). El informe también
muestra que en 2022, 247,8 millones de personas en la región experimentaron
inseguridad alimentaria moderada o severa; es decir, se vieron obligadas a reducir la calidad o cantidad
de los alimentos que consumían,
o incluso se quedaron sin
comer, pasaron hambre y, en el caso más extremo, pasaron días sin
comer, poniendo en grave riesgo su salud.
Así, miles de millones de
personas siguen careciendo
de acceso a alimentos nutritivos, inocuos
y suficientes. Es necesario financiar debidamente la seguridad alimentaria y la nutrición, con objeto de poner en práctica
las políticas, inversiones
y leyes necesarias para
cambiar las actuales
tendencias del hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición. Aunque es amplio el acuerdo suscitado por la urgencia que reviste financiar la
cuestión de la seguridad alimentaria y la nutrición, no cabe decir lo mismo en
cuanto a la comprensión común de la manera de definir esta financiación y darle seguimento (FAO, 2023).
La comida está,
cada vez más, en el centro de los debates sociales, económicos y políticos, ya
sea por sus vínculos con la salud, por los derechos de los animales y de la
naturaleza, por las propias formas de producir lo que comemos, por las
desigualdades en el acceso a la alimentación y por los conflictos geopolíticos
que ha vivido el mundo. Pero, a la vez, en torno a la comida se construyen y
desafían relaciones sociales de género e identidades individuales y colectivas.
Por eso no es casual que esta noción de los alimentos esté asociada a la
cocina, la organización social
(principalmente el sistema económico-político), que afecta a la alimentación
(con su construcción
social de los gustos y los cuerpos) y con la reprodución
social de la vida. Aunque la alimentación es un factor biológico por excelencia, influye mucho en la
forma de enfermar y morir de las
personas (Aguirre, 2024).
Como proceso
social, la alimentación se entrelaza con el
orden económico, cultural, simbólico, sociohistórico y político. Estos
se construyen relacionalmente, pero también tienen un impacto directo en las variables
biológicas y nutricionales que este fenómeno conlleva (Daniel; Cravo, 2005).
En
este orden de ideas, las bases teóricas, filosóficas y metodológicas construidas por Marx y Engels para pensar y practicar otra forma de vida en sociedad que trascienda la sociabilidad
del modo de producción
capitalista, en la que la alimentación se inserte dentro
de un proyecto político que
ya no sea sólo un elemento relacionado con la nutrición de los cuerpos (una lógica centrada en los aspectos biológicos,
fisiológicos y autonómicos del cuerpo,
que valora las acciones individuales e individualizadoras de la
alimentación y el comer,
ignorando las dinámicas inherentes a la comensalidad y la soberanía alimentaria[3]), sino
como fenómeno central de la sociabilidad
de los sujetos que puede ser eficaz para pensar alternativas a la sociabilidad capitalista
enfocada en la forma dinero.
Si destacamos cómo
las personas se reúnen para
comer o incluso para producir alimentos, y es en este acto que socializan sin pasar necesariamente por la forma-dinero, como las formas de vida de los pueblos originarios y tradicionales, como quilombolas y ribereños,
y cuando pasan por la forma-dinero, que ciertamente ya es una captura por
la violencia de la ley del valor, al cocinar y comer
sus alimentos, observamos que la socialización
de la comida es un proceso que es bueno para el sujeto, ayuda
a construir y densificar los lazos
sociales, y es una forma alternativa (y, por tanto,
potencialmente radical) a la sociabilidad
restringida a las formas sociales
capitalistas como el dinero,
el trabajo, el valor, el Estado, etc. Al fin y al cabo, cuando nos
reunimos para comer, ¿quién puede
negarle la comida a otro?
Es en este
sentido que la articulación
coherente, basada en Marx y Engels, de por qué el sujeto
responde a los ideales de las clases dominantes y también busca discutir alternativas para que el sujeto tenga
la posibilidad de alguna acción contra la opresión y dominación
que se le impone, parece proporcionar una comprensión necesaria y crítica en el área de la
alimentación y la nutrición con uma mirada desde las ciencias humanas y sociales, de la economía política crítica.
Por lo tanto,
la alimentación y la nutrición, más allá de sus atributos biofísicos y químicos, desde una
perspectiva marxista, no son más que cuestiones globales y locales relevantes (generales-específicas-particulares)
con un enfoque en la emancipación
de lo que comemos, especialmente entendiendo
cómo el modo de producción capitalista determina lo
que comemos. En el escenario contemporáneo, la alimentación se ha situado en el
centro de los problemas emergentes del modo de producción (Cieza, 2020), haciéndose más
evidente que la alimentación
es capaz de desvelar las tensiones geopolíticas, las crisis climáticas y
socioeconómicas, y la aparición
de nuevas enfermedades,
como en el caso más reciente del coronavirus
en la pandemia del COVID-19.
La alimentación
y la nutrición nos permiten repensar y reflexionar a la
luz de una mirada crítica: la acción
humana y el modelo hegemónico de producción
capitalista y sus tramas simbólicas capaces de producir una servidumbre
forzada a través de la
boca (Guerra, Carnut, 2022). Dado que la ilusión de libertad
sólo demuestra la naturaleza inconsciente de la opresión y su
eficacia represiva,
caracteriza la libertad
como una ilusión de la ideología burguesa, liberal e individualista moderna
(Nadir, 2018). Esto permite el
uso político de la alimentación
y el hambre como arma de exterminio y asesinato social (Engels,
2010) y la producción de
desigualdades sociales y sanitarias
(Medvedyuk et
al., 2021).
El hambre ha sido una producción social del capitalismo
desde sus inicios. Los primeros
análisis de los alimentos
como mercancía y del hambre como forma de masacre de la clase obrera
aparecen en los escritos de Marx y Engels sobre el
capitalismo de su época. Marx retrata el problema en los Grundrisse
(1857-1858), la versión
inicial de los manuscritos económicos de la crítica de la economía política que precedieron
a la obra El Capital; y Engels (1845) en su libro La situación de la clase obrera en
Inglaterra (Engels, 2010), aborda el hambre y la falta de alimentos
como una forma de asesinato social de la clase obrera.
El capitalismo tiene una clara influencia en la alimentación
humana, especialmente a través del agronegocio y la expansión de la agricultura
industrial y de la industria
alimentaria, con la concentración del mercado de producción de semillas, la renta de la tierra y el comercio de
pesticidas.
De esta manera,
analizar la alimentación y la nutrición desde una perspectiva crítica marxista,
utilizando el método materialista dialéctico para recurrir a los procesos
históricos y sociales sobre el lugar de la alimentación en la sociabilidad del
capital es muy importante, y busca tejer un diálogo crítico entre el fenómeno
de la alimentación y la nutrición a través de los movimientos emancipatorios de
lucha por la soberanía alimentaria y la alimentación.
3 Las contradicciones que se producen en la efervescencia
del tejido social y en la lucha política por la comida
Los problemas alimentarios
contemporáneos se ven afectados por la transformación de las necesidades humanas en bienes de consumo (en mercancía), como la comida (Esteve,
2017).
Para ratificar la
centralidad de la alimentación en la lucha de clases, la crisis de 2007-2008 del capitalismo neoliberal tuvo consecuencias para varios
sectores, y ciertamente uno de ellos
fue el agroalimentario.
Uno de los aspectos más atroces
de las consecuencias de la especulación financiera no sólo sobre la economía real,
sino también sobre la vida en general, es la crisis alimentaria que se acercó,
llegó y aumentó el ritmo de producción en las grandes explotaciones capitalistas para marcar un
ritmo de recuperación en la esfera financiera (Lutte, 2008). Además de las consecuencias para el aumento de los alimentos, esta
aceleración ha provocado
una alteración del equilibrio ecológico de los
agentes patógenos confinados a los animales, generando enfermedades como el coronavirus (COVID-19) (Wallace, 2020), cuyo
origen zoonótico y vía de introducción en la población humana han tratado de identificar organismos internacionales,
como la Organización
Mundial de la Salud (Opas, 2021).
Para justificar la
crisis alimentaria, los
economistas burgueses, por ejemplo, citan factores objetivos como el crecimiento demográfico
mundial, el calentamiento
global, la creciente desertificación de las tierras cultivables, la sequía excepcional en Australia y el desarrollo de grandes países como China, India, etc. (Lutte, 2008). En cambio, a una pequeña burguesía decadente que aún dispone de ingresos suficientes
para mantener su consumo de
alimentos no le preocupan la inseguridad y el hambre porque para ellos es un problema resuelto.
Otro rasgo importante del capitalismo contemporáneo relacionado con el agronegocio es el capital financiero, que proviene de la fusión del capital industrial y el capital bancario, que ha contribuido al desarrollo de grandes monopolios
y al aumento del poder de los
bancos sobre los Estados, haciendo
circular el capital a través del
dinero especulativo (financiarización)
(Esteve, 2017). Fue en este
contexto que el agronegocio
agarró su parte,
transformando los alimentos en
commodities y como un nuevo
negocio gestionado por la globalización, con gran participación
de agentes del mercado financiero,
se creó la especulación alimentaria. Aunque
poco visible o incluso velada para el consumidor, la especulación alimentaria producida
por el agronegocio también ha experimentado una expansión financiera. La financiarización se produce a
través de la entrada de fondos
de pensiones y de inversión en
la cadena agrícola. Los fondos pueden participar directamente en la adquisición de tierras, arrendamiento de propiedades e inversiones en empresas de maquinaria, insumos, mecanismos de almacenamiento, comercialización
de productos en el mercado internacional, procesos
de industrialización y formación
de nuevas cadenas. Así,
contemplamos una creciente ola
de privatización de tierras
(comprada por gobiernos extranjeros,
agronegocios transnacionales
o fondos de inversión), la expansión de las nuevas fronteras
agrícolas - en muchas regiones como África, Asia y América Latina - que han visto reducida su capacidad de autoabastecimiento, disminuyendo su capacidad de producción local de alimentos (Esteve, 2017).
Es en este escenario que la perspectiva
crítica puede analizar la tríada alimentación-mercancía-enfermedad
como producto y productora
de las desigualdades económicas, políticas y sociales que sustentan y sirven a la reproducción
del capitalismo; generando hambre, pobreza y miseria para las personas. En este sentido,
identificar las contradicciones
y las tensiones, y dar legitimidad
a las luchas sociales con más resistencia popular y fuerza política, significa aprovechar
las fuerzas transformadoras
y poner al descubierto el recorte del debate público
sobre cuestiones existentes como el
hambre y sus usos políticos. Significa también mirar lo que no se dice ni
se hace visible, pero que
está en efervescente producción
en las entrañas
del tejido social y de la lucha política: la dominación y la expropiación constante de la clase trabajadora.
Otro punto importante es la forma en que se definen estratégicamente las acciones para enfrentar los problemas existentes: si a través de acciones individuales o colectivas, si se reúnen fuerzas o se fragmentan las posibilidades de lucha colectiva (segmentando las prácticas políticas). La definición
de acciones y la apertura
de espacios de reflexión merecen ser destacados, porque son
las formas en que se construyen y se dice que se abordan los problemas existentes,
especialmente aquí, traducidos
en la producción
de conocimiento sobre el
tema, ya que las revisiones
más recientes sobre la alimentación desde la perspectiva
de las ciencias sociales apuntan a la necesidad de desarrollar nuevas formas de
crítica a los sistemas agroalimentarios
y (re)politizar la cuestión de la alimentación, sugiriendo tener en cuenta
los aspectos sociales y
humanos de las transiciones técnicas y la importancia del vínculo con la alimentación y el consumo (Deverre; Lamine,
2010).
Cheney (2016) recuerda
que el uso de categorías
marxianas como la alienación,
la división del trabajo y la
producción de consumo puede
reforzar el argumento a
favor de la soberanía
alimentaria y, al mismo tiempo,
montar una crítica de la cultura gastronómica. Según la autora, así como la comida puede ser un lugar de opresión, también puede ser un lugar de lucha
contra el capital, por lo
que es esencial entender la
comida y el comer en la dinámica de la crítica de la economía política capitalista.
Para eso, Foster
(2016) en su recuperación de Marx, ya nos recordaba que en medio de una abundante producción
de alimentos, el hambre sigue siendo un
problema crónico y la inseguridad
alimentaria y nutricional es hoy una preocupación acuciante para muchas personas en el mundo. Es en esta lógica destructiva del actual modelo económico expresado
en su forma ultraliberal
(Boffo; Saad-Filho; Fine, 2019), especialmente en los países del
capitalismo periférico, donde los patrones
de producción y consumo, su
anclaje en la explotación, la expropiación, el crecimiento de las desigualdades, la precarización del trabajo y la lógica de socialización de las pérdidas y privatización del beneficio han
sido la tónica. Estas son las características del proyecto de destrucción (humana y
ambiental) en curso, cuyo
objetivo es aniquilar las posibilidades
humanas de existencia, de construcción
de la solidaridad y de la justicia social (Angus, 2023),
que tiene la alimentación como forma de reproducirse
a partir de su lógica y de diezmar
a las personas. A pesar de la
grieta metabólica y el
nuevo régimen de producción de alimentos, es este proyecto
vigente a escala global el que también
ha llegado con gran fuerza
a los territorios de los países latinoamericanos.
4 La vida humana
en este planeta: la necesidad de acción colectiva y
organización social frente a las grietas de la crisis del capital
La clave de la existencia de la vida humana en
este planeta es la organización social y la obtención de alimentos proporciona
un poderoso eje para la acción colectiva, nuevas formas de organizaciones comunizantes y organizaciones comunales desde lo concreto.
Considerando desde las sociedades agrícolas
hasta las sociedades industrializadas actuales, esto se ha hecho a costa de sus
territorios, su cultura y sus vidas. Y no cabe duda: ¡el capitalismo también mata
por la boca! Por eso, la necesidad de entender la
alimentación y la nutrición en sus usos políticos desde una perspectiva
marxista es un diálogo clave para el conocimiento y la acción política para
construir la soberanía alimentaria. La ideia de
soberanía, como propone Marx (2013), es la soberanía popular en la que el
pueblo es autómo, independiente del mundo exterior y
constituye un estado propio. Pues el Estado es un abstractum,
y sólo el pueblo es el concretum. Porque
cuando la soberanía alimentaria se define como un principio de nuevas
relaciones sociales de producción y consumo, también se define una estrategia
de lucha. Para Marx, el Estado es la relación social abstracta y alienante que
sustenta la dominación de clase. En un intento por acercarse a las
contribuciones de Marx sobre el Estado y su diálogo crítico con Hegel. Es
posible decir que para Hegel el Estado es la realización suprema de la
racionalidad y la libertad, superior a la sociedad civil, es la máxima
expresión racional que organiza al individuo. Hegel ve el Estado como un todo
orgánico y universal. Mientras que para Marx, el Estado es una abstracción
ideológica alienante que oculta los conflictos de clase reales de la sociedad
burguesa. Marx construye entonces una crítica al pensamiento de Hegel sobre el
Estado, evidenciando que el Estado no es una forma separada de la vida
material, no es la máxima expresión racional que organiza al individuo y que el está al servicio de los intereses de la clase dominante.
Ávalos (2021) actualiza ese diálogo mediante un enfoque crítico que destaca las
contradicciones constitutivas que pueden llevar a la desintegración del Estado
moderno. El autor analiza el Estado como una abstracción real basada en la
inversión de la dialéctica hegeliana por Marx, donde el Estado no es la
realización de la razón (Hegel), sino una forma fetichizada que oculta la
dominación de clase y la economía política. Otros autores son fundamentales
para este debate, como Lenin en Estado y Revolución, Simon Clarke en El Debate sobre el Estado, e István Mészáros con sus aportes sobre la Crisis Estructural del Capital y Más allá del Capital, que serán construcciones posteriores que este artículo permitirá desarrollar.
En 1993 nació La Vía Campesina como una
articulación mundial de movimientos campesinos, que ha contribuido de manera
importante a definir y construir prácticas políticas y socioculturales de
relaciones solidarias entre los pueblos y especialmente entre las
organizaciones campesinas, reconociendo la diversidad del campesinado en el
mundo, construyendo un modelo de desarrollo agrícola que garantice la soberanía
alimentaria como una necesidad humana y también como un derecho social de los
pueblos a definir sus propias políticas agrícolas, y la preservación del medio
ambiente con la protección de la biodiversidad.
La noción de soberanía alimentaria ha sido construida y difundida, más recientemente,
por los movimientos sociales desde mediados de la
década de 1990, con la motivación principal de responder a la
pérdida de capacidad de los Estados nacionales para
formular sus políticas agrícolas y alimentarias en el contexto de la progresiva internacionalización
de la economía (Menezes,
2001).
Entender la alimentación desde la perspectiva
de la soberanía alimentaria
permite, dentro de un marco conceptual más amplio,
considerar algunos aspectos del
proceso salud-enfermedad a nivel colectivo e individual,
como el sistema político-económico
global, el reconocimiento
de la seguridad alimentaria
y nutricional como derecho humano, los comportamientos y hábitos alimentarios, y los servicios de salud y educación (Ferraz, 2017; Kepple,
Segall-Corrêa, 2011).
En
este contexto, una cuestión que merece ser destacada
es la estandarización de las dietas, los desiertos alimentarios, la determinación del entorno alimentario, la violenta expansión de los ecosistemas y las formas de vida, la estandarización de los productos ultraprocesados, el control corporativo del marketing alimentario
y la fuerza masiva de los medios
de comunicación (Brand; Wissen,
2021) influenciados por la industria
cultural (Chã, 2018).
Ante esto, es
necesario avanzar en la crítica radical a la forma de producción de
alimentos en este sistema capitalista, porque no podemos detenernos en la contrahegemonía
del consumo consciente, desarrollo
sustentable, crecimiento
sustetable, la reterritorialización de los
alimentos, agroindustria sustentable, ciudades
sustentables, responsabilidad
social y ambiental, cultura alimentaria, recivilización
social del gusto o la idea de soberanía
alimentaria (que aún está por construirse,
porque en este modo de producción
capitalista no la tendremos).
La insistencia en estos discursos evita el punto nodal, que es la crítica de
la alimentación y el paso a una alimentación
crítica, un rechazo a la oportunidad de negocios para la economia
verde. Así, no basta (des)colonizar, es necesario (re)radicalizar la alimentación y la nutrición tal y como se construyen dentro de la sociabilidad capitalista através del
proceso sociometabólico del capital.
El deseo y la práctica revolucionarios
son la búsqueda
de algo verdadero, los efectos de verdad de la interpretación analítica, capaces de dilucidar caminos a
partir de su potencial para reunir fuerzas y producir acciones colectivas
revolucionarias contra todo lo que el neoliberalismo ha producido desde los años 1990 hasta ahora (la dominación de las naciones y de los modelos de producción
agrícola, impuesta por el
Fondo Monetario Internacional, FMI), los cambios en
la legislación de los estados nacionales como forma
de permitir la circulación
de mercancías entre países a menor costo y sin restricciones
ni barreras aduaneras (lo que culminó en el
proceso de globalización). Además de promover la apertura
total de las fronteras para
la libre circulación de mercancías, la reducción de la injerencia del Estado en la economía,
el debilitamiento de los Estados nacionales con medidas de privatización,
especialmente de los servicios
públicos y de las empresas estatales.
Los alimentos se han
convertido en una mercancía,
una mercancía alimentaria (Guerra, Carnut, 2021), con la injerencia directa
de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que cotiza en
la bolsa sin ningún control por parte de los agricultores que realmente producen
los alimentos. El control
de la producción agrícola, la producción de semillas, la agroindustria,
la renta de la tierra, las existencias
y el almacenamiento de
alimentos, la distribución
y los precios están ahora en
manos de grandes corporaciones internacionales
(en su mayoría
norteamericanas y europeas).
Los movimientos
sociales siempre han resistido en toda América
Latina y el Caribe. Ya sea con la creación
de La Vía Campesina (1993), o el
establecimiento del Movimiento Zapatista en México
(1994), muchas luchas han tenido lugar en todo el mundo en defensa de la autodeterminación de los pueblos por la soberanía alimentaria, como
vimos en 2020-2021, con las movilizaciones de los campesinos en la India (contra el gobierno conservador que abrió las puertas
a la agroindustria y las empresas agrícolas extranjeras,
y también desestructuró las políticas públicas dirigidas al campo) y, más recientemente, en febrero de 2024, en medio de una crisis agraria
crónica causada por tres décadas de reformas neoliberales, tuvo lugar la marcha Dili Chalo, también
llamada Protesta de los
campesinos, contra la que el
gobierno indio respondió con violencia
rodeando la capital, Nueva Delhi, con
alambre de espino, bloques de hormigón
y contenedores.
Tuvimos también la
lucha por construir el modelo de desarrollo
rural del Buen Vivir
en Ecuador, con los Movimientos Campesinos
Indígenas (MICs) durante el
paro nacional de 2019, y en Bolivia
en 2019, con la marcha de campesinos e indígenas en
las calles de La Paz por la renuncia de Jeanine Añez, luego de firmar el Vivir Bien durante 2005-2006 en los gobiernos de Evo Morales y
Rafael Correa. En Cuba, tuvimos
el método De Campesino a Campesino (CaC) promovido por la Asociación
Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) en 1997-2000 para multiplicar la producción agroecológica - esta es una metodología
desarrollada como un proceso social para la transición agroecológica y la territorialización de la agroecología (desarrollada por primera vez en Asia en la década de 1920, y en América Latina en Guatemala, en 1970).
Y ahora, en 2026, mediante el ataque
genocida contra Rojava y el norte y este de Siria (la Administración Autónoma
Democrática del Norte y Este de Siria,
AANES), vimos al pueblo kurdo
resistir al objetivo de aniquilar la revolución antipatriarcal y anticapitalista que se ha construido durante 14 años, buscando destruir por completo la
autonomía.
Es nuestra tarea unir nuestros deseos y proyecto político para
reunir fuerzas en acciones colectivas comunizantes capaces de
ser la revuelta de en contra del poder en un movimiento
de autodeterminación (el de
comunizar) contra la determinación
alienada que lleva a la reclusión de nuestras vidas en coagulaciones, barreras, regulaciones, fronteras y hábitos, fuera de las formas sociales que son los moldes en los que se endurece la acción humana. Las grietas pueden
romper la lógica de la sociedad capitalista (Holloway,
2013a; 2013b).
5 Conclusiones
La lucha emancipatoria por la comida y la
soberanía alimentaria, y los usos políticos del hambre en este momento de la
historia, requieren un diagnóstico combinado con alternativas reales y
concretas, como el modelo de producción propuesto por el Ecosocialismo.
Además, es
necesario un cambio global que apunte a trascender el sociometabolismo
del capital, forjando un socialismo post-capital
(más allá del capitalismo) que apunte a construir el desarrollo humano y la
vida de todos los pueblos.
Esta lucha pasa
por la reestructuración de las fuerzas productivas para la clase trabajadora y
la construcción de una economía comunal capaz de construir permanentemente una
alimentación sana, y la vida y el trabajo en el campo y en la ciudad, así como
cultura, educación, ciencia y tecnología para la emancipación de todos los
pueblos.
La crisis son las
grietas donde nosotros tenemos más posibilidad de eco de nuestras luchas
del-contra-más allá del capital y también de reflexionar acciones sin caer en
el institucionalismo, sin caer en la creencia ciega de que el Estado será
nuestra protección. La crisis es el momento que permite ver las
contradicciones. Es la posibilidad de construcción de otra cosa por lo común.
Necesitamos pensar
la crisis a partir de lo extraordinario como ruptura de lo ordinario, porque es
la oportunidad de mirarnos a nosotros mismos frente al potencial de destrucción
que el capitalismo tiene en este momento de la historia. Es nuestro desafío
permanente luchar con toda nuestra creatividad humana por otro mundo posible,
un mundo con muchos mundos, donde los diferentes bailan con todo su potencial
de expresión, sentidos y significados de su existencia (Holloway, 2013a).
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________________________________________________________________________________________________
Lúcia Dias da Silva GUERRA Trabajó en la concepción, diseño, análisis e interpretación de los datos; redacción
del artículo y su revisión crítica; y en la aprobación de la versión que se publicará.
Nutricionista, Pos
Doctora en Salud Global y Sostenibilidad, Universidad de Sao Paulo (USP), Facultad de
Salud Pública, Brasil. Doctora en
Ciencias, Universidad de Sao Paulo (USP), Facultad de
Salud Pública, Programa de Posgrado en Nutrición en
Salud Pública, Brasil. Doctoranda del Programa de Doctorado en Filosofía
y pensamiento emancipatorio.
Instituto de Filosofía de La Habana, Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA)
de Cuba, La Habana, Cuba.
Georgina Alfonso GONZÁLES Trabajó en la concepción
y diseño de los datos; en la
revisión crítica y en la aprobación de la versión que se publicará.
Doctora en Filosofía,
Universidad de La Habana, Cuba. Instituto de Filosofía
de La Habana, Ministerio de Ciencia,
Tecnología y Medio Ambiente
(CITMA) de Cuba, La Habana, Cuba. Directora del Instituto de Filosofía de La
Habana y Profesora del
Programa de Doctorado Filosofía
y Pensamiento Emancipatorio.
Integrante Titular (Región 1. Caribe - Cuba) del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano
de Ciencias Sociales, Artes y Humanidades
(2025-2028).
________________________________________________________________________________________________
Agradecimientos
Al Instituto de Filosofia de La Habana,
IF, Cuba. Programa de Doctorado Filosofía
y pensamiento emancipatorio.
Al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente
(CITMA). Al Grupo de Investigación: Paradigmas emancipatorios, pensamiento
social crítico y procesos de cambio en Cuba y América Latina. A VIII Escuela
Internacional de Posgrado: Paradigmas críticos de la emancipación en el Caribe y América
Latina “Política, ideología y descolonización del Tercer Mundo. Un homenaje a
Frantz Fanon y Patrice Lumumba en el
centenario de sus natalicios”,
organizada por el Consejo Latinoamericano de Ciencias
Sociales (CLACSO), la Oficina Regional para México, Centroamérica y Cuba de la Rosa Luxemburg Stiftung y el Instituto de Filosofía,
Cátedra de Pensamiento crítico “Franz Hinkelammert” (Cuba).
Entidad financiadora
No hay.
Aprobación por un Comité de Ética y consentimiento
para participar
No se aplica.
Consentimiento
para publicar
Los autores autorizan la publicación
de este trabajo.
Conflictos de interés
No existen conflictos de interés.
Editores responsables
Silvia Neves Salazar – Editora en jefe
Maria Lúcia Teixeira Garcia – Editora
[1] “Los alimentos ultraprocesados
son fórmulas industriales
elaboradas en su totalidad o en su mayor parte a partir de sustancias extraídas de los
alimentos (aceites, grasas, azúcar,
almidón, proteínas), derivadas de constituyentes
alimentarios (grasas
hidrogenadas, almidón modificado) o sintetizadas en laboratorio a partir de materias orgánicas como el petróleo y el carbón (colorantes, aromatizantes, potenciadores del sabor y diversos tipos de aditivos utilizados para
dotar a los productos de propiedades sensoriales atractivas). Las técnicas de fabricación incluyen la extrusión, el
moldeado y la transformación previa mediante fritura o cocción. Ejemplos diversos tipos
de galletas, helados,
caramelos y dulces en
general, cereales azucarados
para el desayuno, pasteles y mezclas para pasteles, barritas de cereales, sopas, fideos y
condimentos «instantáneos», salsas, aperitivos «de
paquete», refrescos y gaseosas, yogurts y bebidas
lácteas azucarados y aromatizados, bebidas
energéticas, productos congelados y listos para calentar, como platos de pasta, pizzas, hamburguesas y extractos
de carne de pollo o pescado empanados, como nuggets, salchichas y otros embutidos, panecillos, bollos para
hamburguesas o perritos calientes,
panes dulces y productos de
panadería cuyos
ingredientes incluyen sustancias
como grasa vegetal hidrogenada, azúcar,
almidón, suero, emulgentes
y otros aditivos” (Brasil, 2014, p. 41, La traducción es de los autores).
[2] La comensalidad se entiende aquí como nuevas formas de organización colectiva orientadas
a la posibilidad de
construir un proyecto alimentario alternativo que conecte los
saberes y experiencias de diferentes personas y sus expresiones,
vínculos y símbolos con la
comida y el comer. De esta forma, la
comensalidad reafirma la importancia histórica y social de la
alimentación como eje de la vida humana y demarca los cambios que se están produciendo en las prácticas alimentarias, dados
los ajustes económicos y políticos para mantener la alimentación
como mercancía y agroenergía.
[3]
Podemos definir la soberanía
alimentaria como “[...] el derecho de los pueblos a definir sus propias
políticas y estrategias sostenibles
de producción, distribución
y consumo de alimentos que garanticen el derecho a la
alimentación de toda la población, basadas en la pequeña
y mediana producción, respetando
sus propias culturas y la diversidad de formas campesinas, pesqueras
e indígenas de producción agrícola, comercialización y gestión de los espacios rurales,
en las que las mujeres desempeñan
un papel fundamental [...]” (Foro
Mundial sobre Soberanía Alimentaria, 2001, p. 4-5). La
soberanía alimentaria es el
camino para erradicar el hambre y la desnutrición
y garantizar una seguridad duradera y sostenible para todos los pueblos (Foro Mundial
sobre Soberanía Alimentaria, 2001).