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Crisis, grietas y la lucha emancipatoria por la comida y la soberanía alimentaria

 

Crisis, cracks, and the emancipatory struggle for food and food sovereignty

 

Lúcia Dias da Silva GUERRA

Descrição: Ícone

Descrição gerada automaticamente https://orcid.org/0000-0003-0093-2687

Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) de Cuba. Instituto de Filosofía de La Habana.

Programa de Doctorado en Filosofía y Pensamiento Emancipatorio. La Habana, Cuba.

e-mail: ludsguerra@gmail.com

 

Georgina Alfonso GONZÁLES

Descrição: Ícone

Descrição gerada automaticamente https://orcid.org/0000-0003-4806-0304

Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) de Cuba. Instituto de Filosofía de La Habana.

Programa de Doctorado en Filosofía y Pensamiento Emancipatorio. La Habana, Cuba.

e-mail: ginantuna@gmail.com

 

Resumen: La humanidad ha experimentado una crisis global del capitalismo, que se ha prolongado en todo el mundo desde 2008. Esto va acompañado de un escenario de policrisis en que convergen y se interconectan varias crisis: la alimentaria (hambre, producción de alimentos, obesidad, malnutrición), sanitaria, económica (inflación y recesión), ecológica (climática y pandémica) y geopolítica (guerra y divisiones internacionales). A los alrededores de la comida se construyen y desafían relaciones de género e identidades individuales y colectivas. Así, el presente trabajo aborda la lucha emancipatoria por la comida y la soberanía alimentaria y los usos políticos del hambre desde la teoría a la práctica, desde América Latina y el Caribe y sus nuevos contornos en el contexto contemporáneo. Se trata de un estudio con enfoque crítico, que utiliza la elaboración teórica histórico-materialista como método de investigación y la argumentación dialéctica como método de exposición. Se busca comprender la crisis como las grietas donde nosotros tenemos más posibilidad de eco de nuestras luchas del-contra-más allá del capital.

Palabras clave: Marxismo. Capitalismo. Crisis. Comida. Soberanía Alimentaria.

 

Abstract: Humanity is experiencing a global capitalist crisis, which has been ongoing since 2008. This has been accompanied by a poly-crisis in which several crises have converged and interconnected: food (hunger, food production, obesity, and malnutrition), health, economic (inflation and recession), ecological (climate and pandemic) and geopolitical (war and international divisions). It is around food that gender relations, and individual and collective identities, are constructed and challenged. This article addresses the emancipatory struggle for food and food sovereignty, and the political uses of hunger, from theory to practice, in Latin America and the Caribbean, and its new contours within the contemporary context. This is a critical study that uses historical-materialist theory as a research method and dialectical argument as a method of exposition. It seeks to understand the crisis as the cracks where we have the greatest possibility of echoing our struggles against capital.

Keywords: Marxism. Capitalism. Crisis. Food. Food Sovereignty.

 

Enviado: 23.5.2025. Aceptado: 8.2.2026.

 

 

Creative Common - by 4.0

Este es un artículo de acceso abierto publicado bajo la licencia Creative Commons Atribución, que permite su uso, distribución y reproducción sin restricciones en cualquier medio, siempre que se cite correctamente la obra original.

 

1 Introducción

 

La humanidad ha experimentado una crisis global del capitalismo, que se prolonga en todo el mundo desde 2008. Su dinámica de destrucción con la lógica del capital con su movimiento de totalización nos ataca, nos impone un progreso definido por la ganancia y por el dinero, enredándonos en una lucha para integrar toda la actividad humana bajo la lógica de la expansión del valor (Holloway, 2024; 2017). Esto va acompañado de un escenario de policrisis que converge y se interconecta: alimentaria (hambre, producción de alimentos, obesidad, malnutrición), sanitaria (como la de COVID-19), económica (inflación y recesión), ecológica (climática y pandémica) y geopolítica (guerra y divisiones internacionales) (Roberts, 2023). Desde la producción de patógenos virulentos derivados de la forma en que se producen los sistemas agroalimentarios del mundo (Cieza, 2020; Carnut; Mendes; Guerra, 2020) hasta la falta de acceso a una alimentación y nutrición adecuadas, desde la destrucción de la naturaleza y de los cultivos alimentarios hasta los usos políticos del hambre (Guerra, Carnut, 2021). Pero, en las palabras de Holloway (2024):

 

No tiene que ser así el mundo. No tiene que ser un mundo de desaparecidos, de narcos, de genocidio, de violencia, de migración forzada, de hambre, de pobreza, de cárceles, de calentamiento global. Podría ser otro el mundo. Un mundo donde sentimos nuestra riqueza, nuestro compañerismo, nuestra creatividad, nuestra determinación de crear un mundo diferente, nuestra memoria de dolores y luchas (Holloway, 2024, p. 1).

 

La alimentación y la nutrición humanas desempeñan un papel central en este debate. Alimentarse ha sido productor y producto de ataques de diversas formas (Paschoa, 2009), hecho que justifica una mirada crítica a la articulación entre alimentación y el modo de producción capitalista a partir de esta crisis de sociabilidad del capital.

 

En la sociabilidad capitalista, el hombre, la mujer, los niños y los más grandes están separados de los medios de producción, donde no disponen de la tierra, el arado o el bosque, ni de las herramientas de trabajo para producir su propia existencia. Así, les queda la fuerza de trabajo con la que pueden ofrecer su fuerza al mercado capitalista como elemento de intercambio para garantizar una más de sus mercancías: la mercancía-alimento. Es en este contexto en el que los alimentos se convierten en mercancía y sólo pueden obtenerse a través de otra forma: el dinero (Daniel; Cravo, 2005).

 

No cabe duda de que la alimentación y la nutrición humanas son cuestiones complejas y multidimensionales que, sin duda, son esenciales para la vida. Sin embargo, esto pone en tensión la forma en que debemos pensar la alimentación, no sólo en términos del acto de comer; es decir, como una frecuencia diaria de ingesta de alimentos en la que todo ser vivo necesita nutrientes y calorías, sino también pensar cómo este acto está estructurado en y arraigado por la construcción del sistema de producción de alimentos en el modo de producción capitalista.

 

Es en este modo de producción donde hay una concentración de los medios de producción (quienes producen los alimentos no son quienes los consumen) y existe el fetiche de fomentar el consumo de productos alimenticios (Esteve, 2017), como los ultraprocesados[1]: la comida-mercancía de las masas, como por exemplo, los alimentos como el arroz, el maíz, el café, el frijol, la soya, el cacao, el azúcar, la carne y los jugos de frutas se han convertido en mercancías y el foco central, en general, siempre ha sido el mercado internacional, favoreciendo la exportación de estos productos agropecuarios (Pompeia, 2021) a los países capitalistas centrales.

 

Y este modo de producción ha provocado grandes trastornos productivos y socioecológicos, con el avance de las políticas neoliberales aplicadas al campo, las estrategias sociopolíticas y económicas internacionales que han sostenido la producción agroindustrial a gran escala y la intensificación del monocultivo que favorece la acumulación centralizada de capital (Benavides et al., 2022; Foster, 2022).

 

Los patrones actuales de producción y consumo han demostrado que la humanidad corre un serio riesgo de enfrentarse a graves problemas ambientales en las próximas décadas y eso ha llevado a un punto de crisis histórica y destrucción de los fundamentos materiales de la vida humana (Robinson, 2021). En este sentido, los movimientos sociales campesinos tienen un papel esencial en la lucha contra el hambre, para la conquista de la tierra y las políticas públicas sociales necesarias para el desarrollo humano en el campo, buscando superar los obstáculos productivos y las barreras a la emancipación, que son mucho más políticas que tecnológicas. Para la construcción de una sociedad en la que la producción tenga el espectro de necesidades (materiales e inmateriales) y el crecimiento se subordine a la lógica de las necesidades humanas (Novaes, 2023).

 

De esta manera el trabajo aborda, a partir de un texto en modalidad ensayística, la lucha emancipatoria por la comida y la soberanía alimentaria y los usos políticos del hambre desde América Latina y el Caribe, y sus nuevos contornos en el contexto contemporáneo, buscando comprender la crisis como las grietas donde nosotros tenemos más posibilidad de eco de nuestras luchas del-contra-más allá del capital. Se trata de un estudio con enfoque crítico que utiliza la elaboración teórica histórico-materialista como método de investigación, y la argumentación dialéctica como método de exposición.

 

2 La alimentación y la nutrición en la actualidad desde América Latina y el Caribe y sus nuevos contornos en el contexto contemporâneo

 

El escenario político en América Latina y el Caribe, con el avance de la extrema derecha en el mundo, implica la negación de la alimentación como necesidad humana esencial para la vida, así como la negación de la cultura alimentaria y la falta de respeto a la comensalidad[2] de la población y de los pueblos originarios. También conduce a la negación del hambre como problema estructural; es decir, al rechazo a la noción obvia de que el enfoque de la burguesía sobre la alimentación causa daños irreparables y deliberados a generaciones de la clase trabajadora. Forzar a la población a experimentar el hambre y el consumo de alimentos ultraprocesados es una acción intencionada para forjar el uso político de la alimentación como maniobra de los intereses burgueses en esta sociabilidad que siempre se ha utilizado en el capitalismo, como arma de guerra y asesinato social.

 

El modo de producción capitalista contemporáneo ha tenido consecuencias ecológicas desastrosas (homogeneización y fragilidad de los ecosistemas). Todos estos cambios han tenido importantes consecuencias sociales y políticas para la vida humana y la naturaleza (Foster, 2022).

 

En los países en desarrollo, la situación socioeconómica de la población es un aspecto importante que debe tenerse en cuenta. Las desigualdades sociales y económicas, las desigualdades étnico-raciales, de género, del acceso y de la disponibilidad de alimentos, siguen siendo problemas estructurales que deben abordarse (Haddad et al., 2016). La pobreza, por ejemplo, es una de las principales causas de mortalidad prematura en el escenario contemporáneo y ha contribuido a enfermedades que se expresan en condiciones de salud comprometidas (Stringhini et al., 2017) y en la dieta de la población (FAO, OPAS, OMS, 2016).

 

En El Estado de la Seguridad Alimentaria y Nutrición en el Mundo - SOFI (en la edición de 2025), donde se presentan los datos y los análisis más recientes sobre el hambre, la seguridad alimentaria y la nutrición a nivel mundial, incluidas las estimaciones actualizadas sobre el costo y la asequibilidad de las dietas saludables, se destaca cómo la inflación elevada ha mermado el poder adquisitivo en numerosos países, y especialmente entre las poblaciones de ingresos bajos ha afectado el acceso a dietas saludables (FAO, 2025). Datos de los últimos seis años muestran que las tendencias del hambre y la inseguridad alimentaria todavía no avanzan en la dirección adecuada para acabar con eso de acuerdo com la Meta 2.1 de los ODS, y que el mundo no va camino a eliminar todas las formas de malnutrición (meta 2.2 de los ODS) para 2030 (FAO, 2024). A pesar de la ligera mejora en la prevalencia del hambre en América Latina y Caribe (ALC), esta sigue siendo una región muy afectada y con importantes desigualdades subregionales (América del Sur, América Central y el Caribe) (FAO, 2023). El informe también muestra que en 2022, 247,8 millones de personas en la región experimentaron inseguridad alimentaria moderada o severa; es decir, se vieron obligadas a reducir la calidad o cantidad de los alimentos que consumían, o incluso se quedaron sin comer, pasaron hambre y, en el caso más extremo, pasaron días sin comer, poniendo en grave riesgo su salud. Así, miles de millones de personas siguen careciendo de acceso a alimentos nutritivos, inocuos y suficientes. Es necesario financiar debidamente la seguridad alimentaria y la nutrición, con objeto de poner en práctica las políticas, inversiones y leyes necesarias para cambiar las actuales tendencias del hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición. Aunque es amplio el acuerdo suscitado por la urgencia que reviste financiar la cuestión de la seguridad alimentaria y la nutrición, no cabe decir lo mismo en cuanto a la comprensión común de la manera de definir esta financiación y darle seguimento (FAO, 2023).

 

La comida está, cada vez más, en el centro de los debates sociales, económicos y políticos, ya sea por sus vínculos con la salud, por los derechos de los animales y de la naturaleza, por las propias formas de producir lo que comemos, por las desigualdades en el acceso a la alimentación y por los conflictos geopolíticos que ha vivido el mundo. Pero, a la vez, en torno a la comida se construyen y desafían relaciones sociales de género e identidades individuales y colectivas. Por eso no es casual que esta noción de los alimentos esté asociada a la cocina, la organización social (principalmente el sistema económico-político), que afecta a la alimentación (con su construcción social de los gustos y los cuerpos) y con la reprodución social de la vida. Aunque la alimentación es un factor biológico por excelencia, influye mucho en la forma de enfermar y morir de las personas (Aguirre, 2024).

 

Como proceso social, la alimentación se entrelaza con el orden económico, cultural, simbólico, sociohistórico y político. Estos se construyen relacionalmente, pero también tienen un impacto directo en las variables biológicas y nutricionales que este fenómeno conlleva (Daniel; Cravo, 2005).

 

En este orden de ideas, las bases teóricas, filosóficas y metodológicas construidas por Marx y Engels para pensar y practicar otra forma de vida en sociedad que trascienda la sociabilidad del modo de producción capitalista, en la que la alimentación se inserte dentro de un proyecto político que ya no sea sólo un elemento relacionado con la nutrición de los cuerpos (una lógica centrada en los aspectos biológicos, fisiológicos y autonómicos del cuerpo, que valora las acciones individuales e individualizadoras de la alimentación y el comer, ignorando las dinámicas inherentes a la comensalidad y la soberanía alimentaria[3]), sino como fenómeno central de la sociabilidad de los sujetos que puede ser eficaz para pensar alternativas a la sociabilidad capitalista enfocada en la forma dinero.

 

Si destacamos cómo las personas se reúnen para comer o incluso para producir alimentos, y es en este acto que socializan sin pasar necesariamente por la forma-dinero, como las formas de vida de los pueblos originarios y tradicionales, como quilombolas y ribereños, y cuando pasan por la forma-dinero, que ciertamente ya es una captura por la violencia de la ley del valor, al cocinar y comer sus alimentos, observamos que la socialización de la comida es un proceso que es bueno para el sujeto, ayuda a construir y densificar los lazos sociales, y es una forma alternativa (y, por tanto, potencialmente radical) a la sociabilidad restringida a las formas sociales capitalistas como el dinero, el trabajo, el valor, el Estado, etc. Al fin y al cabo, cuando nos reunimos para comer, ¿quién puede negarle la comida a otro?

 

Es en este sentido que la articulación coherente, basada en Marx y Engels, de por qué el sujeto responde a los ideales de las clases dominantes y también busca discutir alternativas para que el sujeto tenga la posibilidad de alguna acción contra la opresión y dominación que se le impone, parece proporcionar una comprensión necesaria y crítica en el área de la alimentación y la nutrición con uma mirada desde las ciencias humanas y sociales, de la economía política crítica.

Por lo tanto, la alimentación y la nutrición, más allá de sus atributos biofísicos y químicos, desde una perspectiva marxista, no son más que cuestiones globales y locales relevantes (generales-específicas-particulares) con un enfoque en la emancipación de lo que comemos, especialmente entendiendo cómo el modo de producción capitalista determina lo que comemos. En el escenario contemporáneo, la alimentación se ha situado en el centro de los problemas emergentes del modo de producción (Cieza, 2020), haciéndose más evidente que la alimentación es capaz de desvelar las tensiones geopolíticas, las crisis climáticas y socioeconómicas, y la aparición de nuevas enfermedades, como en el caso más reciente del coronavirus en la pandemia del COVID-19.

 

La alimentación y la nutrición nos permiten repensar y reflexionar a la luz de una mirada crítica: la acción humana y el modelo hegemónico de producción capitalista y sus tramas simbólicas capaces de producir una servidumbre forzada a través de la boca (Guerra, Carnut, 2022). Dado que la ilusión de libertad sólo demuestra la naturaleza inconsciente de la opresión y su eficacia represiva, caracteriza la libertad como una ilusión de la ideología burguesa, liberal e individualista moderna (Nadir, 2018). Esto permite el uso político de la alimentación y el hambre como arma de exterminio y asesinato social (Engels, 2010) y la producción de desigualdades sociales y sanitarias (Medvedyuk et al., 2021).

 

El hambre ha sido una producción social del capitalismo desde sus inicios. Los primeros análisis de los alimentos como mercancía y del hambre como forma de masacre de la clase obrera aparecen en los escritos de Marx y Engels sobre el capitalismo de su época. Marx retrata el problema en los Grundrisse (1857-1858), la versión inicial de los manuscritos económicos de la crítica de la economía política que precedieron a la obra El Capital; y Engels (1845) en su libro La situación de la clase obrera en Inglaterra (Engels, 2010), aborda el hambre y la falta de alimentos como una forma de asesinato social de la clase obrera. El capitalismo tiene una clara influencia en la alimentación humana, especialmente a través del agronegocio y la expansión de la agricultura industrial y de la industria alimentaria, con la concentración del mercado de producción de semillas, la renta de la tierra y el comercio de pesticidas.

 

De esta manera, analizar la alimentación y la nutrición desde una perspectiva crítica marxista, utilizando el método materialista dialéctico para recurrir a los procesos históricos y sociales sobre el lugar de la alimentación en la sociabilidad del capital es muy importante, y busca tejer un diálogo crítico entre el fenómeno de la alimentación y la nutrición a través de los movimientos emancipatorios de lucha por la soberanía alimentaria y la alimentación.

 

3 Las contradicciones que se producen en la efervescencia del tejido social y en la lucha política por la comida

 

Los problemas alimentarios contemporáneos se ven afectados por la transformación de las necesidades humanas en bienes de consumo (en mercancía), como la comida (Esteve, 2017).

 

Para ratificar la centralidad de la alimentación en la lucha de clases, la crisis de 2007-2008 del capitalismo neoliberal tuvo consecuencias para varios sectores, y ciertamente uno de ellos fue el agroalimentario. Uno de los aspectos más atroces de las consecuencias de la especulación financiera no sólo sobre la economía real, sino también sobre la vida en general, es la crisis alimentaria que se acercó, llegó y aumentó el ritmo de producción en las grandes explotaciones capitalistas para marcar un ritmo de recuperación en la esfera financiera (Lutte, 2008). Además de las consecuencias para el aumento de los alimentos, esta aceleración ha provocado una alteración del equilibrio ecológico de los agentes patógenos confinados a los animales, generando enfermedades como el coronavirus (COVID-19) (Wallace, 2020), cuyo origen zoonótico y vía de introducción en la población humana han tratado de identificar organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (Opas, 2021).

 

Para justificar la crisis alimentaria, los economistas burgueses, por ejemplo, citan factores objetivos como el crecimiento demográfico mundial, el calentamiento global, la creciente desertificación de las tierras cultivables, la sequía excepcional en Australia y el desarrollo de grandes países como China, India, etc. (Lutte, 2008). En cambio, a una pequeña burguesía decadente que aún dispone de ingresos suficientes para mantener su consumo de alimentos no le preocupan la inseguridad y el hambre porque para ellos es un problema resuelto.

 

Otro rasgo importante del capitalismo contemporáneo relacionado con el agronegocio es el capital financiero, que proviene de la fusión del capital industrial y el capital bancario, que ha contribuido al desarrollo de grandes monopolios y al aumento del poder de los bancos sobre los Estados, haciendo circular el capital a través del dinero especulativo (financiarización) (Esteve, 2017). Fue en este contexto que el agronegocio agarró su parte, transformando los alimentos en commodities y como un nuevo negocio gestionado por la globalización, con gran participación de agentes del mercado financiero, se creó la especulación alimentaria. Aunque poco visible o incluso velada para el consumidor, la especulación alimentaria producida por el agronegocio también ha experimentado una expansión financiera. La financiarización se produce a través de la entrada de fondos de pensiones y de inversión en la cadena agrícola. Los fondos pueden participar directamente en la adquisición de tierras, arrendamiento de propiedades e inversiones en empresas de maquinaria, insumos, mecanismos de almacenamiento, comercialización de productos en el mercado internacional, procesos de industrialización y formación de nuevas cadenas. Así, contemplamos una creciente ola de privatización de tierras (comprada por gobiernos extranjeros, agronegocios transnacionales o fondos de inversión), la expansión de las nuevas fronteras agrícolas - en muchas regiones como África, Asia y América Latina - que han visto reducida su capacidad de autoabastecimiento, disminuyendo su capacidad de producción local de alimentos (Esteve, 2017).

 

Es en este escenario que la perspectiva crítica puede analizar la tríada alimentación-mercancía-enfermedad como producto y productora de las desigualdades económicas, políticas y sociales que sustentan y sirven a la reproducción del capitalismo; generando hambre, pobreza y miseria para las personas. En este sentido, identificar las contradicciones y las tensiones, y dar legitimidad a las luchas sociales con más resistencia popular y fuerza política, significa aprovechar las fuerzas transformadoras y poner al descubierto el recorte del debate público sobre cuestiones existentes como el hambre y sus usos políticos. Significa también mirar lo que no se dice ni se hace visible, pero que está en efervescente producción en las entrañas del tejido social y de la lucha política: la dominación y la expropiación constante de la clase trabajadora.

 

Otro punto importante es la forma en que se definen estratégicamente las acciones para enfrentar los problemas existentes: si a través de acciones individuales o colectivas, si se reúnen fuerzas o se fragmentan las posibilidades de lucha colectiva (segmentando las prácticas políticas). La definición de acciones y la apertura de espacios de reflexión merecen ser destacados, porque son las formas en que se construyen y se dice que se abordan los problemas existentes, especialmente aquí, traducidos en la producción de conocimiento sobre el tema, ya que las revisiones más recientes sobre la alimentación desde la perspectiva de las ciencias sociales apuntan a la necesidad de desarrollar nuevas formas de crítica a los sistemas agroalimentarios y (re)politizar la cuestión de la alimentación, sugiriendo tener en cuenta los aspectos sociales y humanos de las transiciones técnicas y la importancia del vínculo con la alimentación y el consumo (Deverre; Lamine, 2010).

 

Cheney (2016) recuerda que el uso de categorías marxianas como la alienación, la división del trabajo y la producción de consumo puede reforzar el argumento a favor de la soberanía alimentaria y, al mismo tiempo, montar una crítica de la cultura gastronómica. Según la autora, así como la comida puede ser un lugar de opresión, también puede ser un lugar de lucha contra el capital, por lo que es esencial entender la comida y el comer en la dinámica de la crítica de la economía política capitalista.

 

Para eso, Foster (2016) en su recuperación de Marx, ya nos recordaba que en medio de una abundante producción de alimentos, el hambre sigue siendo un problema crónico y la inseguridad alimentaria y nutricional es hoy una preocupación acuciante para muchas personas en el mundo. Es en esta lógica destructiva del actual modelo económico expresado en su forma ultraliberal (Boffo; Saad-Filho; Fine, 2019), especialmente en los países del capitalismo periférico, donde los patrones de producción y consumo, su anclaje en la explotación, la expropiación, el crecimiento de las desigualdades, la precarización del trabajo y la lógica de socialización de las pérdidas y privatización del beneficio han sido la tónica. Estas son las características del proyecto de destrucción (humana y ambiental) en curso, cuyo objetivo es aniquilar las posibilidades humanas de existencia, de construcción de la solidaridad y de la justicia social (Angus, 2023), que tiene la alimentación como forma de reproducirse a partir de su lógica y de diezmar a las personas. A pesar de la grieta metabólica y el nuevo régimen de producción de alimentos, es este proyecto vigente a escala global el que también ha llegado con gran fuerza a los territorios de los países latinoamericanos.

 

4 La vida humana en este planeta: la necesidad de acción colectiva y organización social frente a las grietas de la crisis del capital

 

La clave de la existencia de la vida humana en este planeta es la organización social y la obtención de alimentos proporciona un poderoso eje para la acción colectiva, nuevas formas de organizaciones comunizantes y organizaciones comunales desde lo concreto.

 

Considerando desde las sociedades agrícolas hasta las sociedades industrializadas actuales, esto se ha hecho a costa de sus territorios, su cultura y sus vidas. Y no cabe duda: ¡el capitalismo también mata por la boca! Por eso, la necesidad de entender la alimentación y la nutrición en sus usos políticos desde una perspectiva marxista es un diálogo clave para el conocimiento y la acción política para construir la soberanía alimentaria. La ideia de soberanía, como propone Marx (2013), es la soberanía popular en la que el pueblo es autómo, independiente del mundo exterior y constituye un estado propio. Pues el Estado es un abstractum, y sólo el pueblo es el concretum. Porque cuando la soberanía alimentaria se define como un principio de nuevas relaciones sociales de producción y consumo, también se define una estrategia de lucha. Para Marx, el Estado es la relación social abstracta y alienante que sustenta la dominación de clase. En un intento por acercarse a las contribuciones de Marx sobre el Estado y su diálogo crítico con Hegel. Es posible decir que para Hegel el Estado es la realización suprema de la racionalidad y la libertad, superior a la sociedad civil, es la máxima expresión racional que organiza al individuo. Hegel ve el Estado como un todo orgánico y universal. Mientras que para Marx, el Estado es una abstracción ideológica alienante que oculta los conflictos de clase reales de la sociedad burguesa. Marx construye entonces una crítica al pensamiento de Hegel sobre el Estado, evidenciando que el Estado no es una forma separada de la vida material, no es la máxima expresión racional que organiza al individuo y que el está al servicio de los intereses de la clase dominante. Ávalos (2021) actualiza ese diálogo mediante un enfoque crítico que destaca las contradicciones constitutivas que pueden llevar a la desintegración del Estado moderno. El autor analiza el Estado como una abstracción real basada en la inversión de la dialéctica hegeliana por Marx, donde el Estado no es la realización de la razón (Hegel), sino una forma fetichizada que oculta la dominación de clase y la economía política. Otros autores son fundamentales para este debate, como Lenin en Estado y Revolución, Simon Clarke en El Debate sobre el Estado, e István Mészáros con sus aportes sobre la Crisis Estructural del Capital y Más allá del Capital, que serán construcciones posteriores que este artículo permitirá desarrollar.

 

En 1993 nació La Vía Campesina como una articulación mundial de movimientos campesinos, que ha contribuido de manera importante a definir y construir prácticas políticas y socioculturales de relaciones solidarias entre los pueblos y especialmente entre las organizaciones campesinas, reconociendo la diversidad del campesinado en el mundo, construyendo un modelo de desarrollo agrícola que garantice la soberanía alimentaria como una necesidad humana y también como un derecho social de los pueblos a definir sus propias políticas agrícolas, y la preservación del medio ambiente con la protección de la biodiversidad.

 

La noción de soberanía alimentaria ha sido construida y difundida, más recientemente, por los movimientos sociales desde mediados de la década de 1990, con la motivación principal de responder a la pérdida de capacidad de los Estados nacionales para formular sus políticas agrícolas y alimentarias en el contexto de la progresiva internacionalización de la economía (Menezes, 2001).

 

Entender la alimentación desde la perspectiva de la soberanía alimentaria permite, dentro de un marco conceptual más amplio, considerar algunos aspectos del proceso salud-enfermedad a nivel colectivo e individual, como el sistema político-económico global, el reconocimiento de la seguridad alimentaria y nutricional como derecho humano, los comportamientos y hábitos alimentarios, y los servicios de salud y educación (Ferraz, 2017; Kepple, Segall-Corrêa, 2011).

 

En este contexto, una cuestión que merece ser destacada es la estandarización de las dietas, los desiertos alimentarios, la determinación del entorno alimentario, la violenta expansión de los ecosistemas y las formas de vida, la estandarización de los productos ultraprocesados, el control corporativo del marketing alimentario y la fuerza masiva de los medios de comunicación (Brand; Wissen, 2021) influenciados por la industria cultural (Chã, 2018).

 

Ante esto, es necesario avanzar en la crítica radical a la forma de producción de alimentos en este sistema capitalista, porque no podemos detenernos en la contrahegemonía del consumo consciente, desarrollo sustentable, crecimiento sustetable, la reterritorialización de los alimentos, agroindustria sustentable, ciudades sustentables, responsabilidad social y ambiental, cultura alimentaria, recivilización social del gusto o la idea de soberanía alimentaria (que aún está por construirse, porque en este modo de producción capitalista no la tendremos). La insistencia en estos discursos evita el punto nodal, que es la crítica de la alimentación y el paso a una alimentación crítica, un rechazo a la oportunidad de negocios para la economia verde. Así, no basta (des)colonizar, es necesario (re)radicalizar la alimentación y la nutrición tal y como se construyen dentro de la sociabilidad capitalista através del proceso sociometabólico del capital.

 

El deseo y la práctica revolucionarios son la búsqueda de algo verdadero, los efectos de verdad de la interpretación analítica, capaces de dilucidar caminos a partir de su potencial para reunir fuerzas y producir acciones colectivas revolucionarias contra todo lo que el neoliberalismo ha producido desde los años 1990 hasta ahora (la dominación de las naciones y de los modelos de producción agrícola, impuesta por el Fondo Monetario Internacional, FMI), los cambios en la legislación de los estados nacionales como forma de permitir la circulación de mercancías entre países a menor costo y sin restricciones ni barreras aduaneras (lo que culminó en el proceso de globalización). Además de promover la apertura total de las fronteras para la libre circulación de mercancías, la reducción de la injerencia del Estado en la economía, el debilitamiento de los Estados nacionales con medidas de privatización, especialmente de los servicios públicos y de las empresas estatales.

 

Los alimentos se han convertido en una mercancía, una mercancía alimentaria (Guerra, Carnut, 2021), con la injerencia directa de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que cotiza en la bolsa sin ningún control por parte de los agricultores que realmente producen los alimentos. El control de la producción agrícola, la producción de semillas, la agroindustria, la renta de la tierra, las existencias y el almacenamiento de alimentos, la distribución y los precios están ahora en manos de grandes corporaciones internacionales (en su mayoría norteamericanas y europeas).

 

Los movimientos sociales siempre han resistido en toda América Latina y el Caribe. Ya sea con la creación de La Vía Campesina (1993), o el establecimiento del Movimiento Zapatista en México (1994), muchas luchas han tenido lugar en todo el mundo en defensa de la autodeterminación de los pueblos por la soberanía alimentaria, como vimos en 2020-2021, con las movilizaciones de los campesinos en la India (contra el gobierno conservador que abrió las puertas a la agroindustria y las empresas agrícolas extranjeras, y también desestructuró las políticas públicas dirigidas al campo) y, más recientemente, en febrero de 2024, en medio de una crisis agraria crónica causada por tres décadas de reformas neoliberales, tuvo lugar la marcha Dili Chalo, también llamada Protesta de los campesinos, contra la que el gobierno indio respondió con violencia rodeando la capital, Nueva Delhi, con alambre de espino, bloques de hormigón y contenedores.

 

Tuvimos también la lucha por construir el modelo de desarrollo rural del Buen Vivir en Ecuador, con los Movimientos Campesinos Indígenas (MICs) durante el paro nacional de 2019, y en Bolivia en 2019, con la marcha de campesinos e indígenas en las calles de La Paz por la renuncia de Jeanine Añez, luego de firmar el Vivir Bien durante 2005-2006 en los gobiernos de Evo Morales y Rafael Correa. En Cuba, tuvimos el método De Campesino a Campesino (CaC) promovido por la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) en 1997-2000 para multiplicar la producción agroecológica - esta es una metodología desarrollada como un proceso social para la transición agroecológica y la territorialización de la agroecología (desarrollada por primera vez en Asia en la década de 1920, y en América Latina en Guatemala, en 1970).

 

Y ahora, en 2026, mediante el ataque genocida contra Rojava y el norte y este de Siria (la Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria, AANES), vimos al pueblo kurdo resistir al objetivo de aniquilar la revolución antipatriarcal y anticapitalista que se ha construido durante 14 años, buscando destruir por completo la autonomía.

 

Es nuestra tarea unir nuestros deseos y proyecto político para reunir fuerzas en acciones colectivas comunizantes capaces de ser la revuelta de en contra del poder en un movimiento de autodeterminación (el de comunizar) contra la determinación alienada que lleva a la reclusión de nuestras vidas en coagulaciones, barreras, regulaciones, fronteras y hábitos, fuera de las formas sociales que son los moldes en los que se endurece la acción humana. Las grietas pueden romper la lógica de la sociedad capitalista (Holloway, 2013a; 2013b).

 

5 Conclusiones

 

La lucha emancipatoria por la comida y la soberanía alimentaria, y los usos políticos del hambre en este momento de la historia, requieren un diagnóstico combinado con alternativas reales y concretas, como el modelo de producción propuesto por el Ecosocialismo.

 

Además, es necesario un cambio global que apunte a trascender el sociometabolismo del capital, forjando un socialismo post-capital (más allá del capitalismo) que apunte a construir el desarrollo humano y la vida de todos los pueblos.

 

Esta lucha pasa por la reestructuración de las fuerzas productivas para la clase trabajadora y la construcción de una economía comunal capaz de construir permanentemente una alimentación sana, y la vida y el trabajo en el campo y en la ciudad, así como cultura, educación, ciencia y tecnología para la emancipación de todos los pueblos.

 

La crisis son las grietas donde nosotros tenemos más posibilidad de eco de nuestras luchas del-contra-más allá del capital y también de reflexionar acciones sin caer en el institucionalismo, sin caer en la creencia ciega de que el Estado será nuestra protección. La crisis es el momento que permite ver las contradicciones. Es la posibilidad de construcción de otra cosa por lo común.

 

Necesitamos pensar la crisis a partir de lo extraordinario como ruptura de lo ordinario, porque es la oportunidad de mirarnos a nosotros mismos frente al potencial de destrucción que el capitalismo tiene en este momento de la historia. Es nuestro desafío permanente luchar con toda nuestra creatividad humana por otro mundo posible, un mundo con muchos mundos, donde los diferentes bailan con todo su potencial de expresión, sentidos y significados de su existencia (Holloway, 2013a).

 

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Lúcia Dias da Silva GUERRA Trabajó en la concepción, diseño, análisis e interpretación de los datos; redacción del artículo y su revisión crítica; y en la aprobación de la versión que se publicará.

Nutricionista, Pos Doctora en Salud Global y Sostenibilidad, Universidad de Sao Paulo (USP), Facultad de Salud Pública, Brasil. Doctora en Ciencias, Universidad de Sao Paulo (USP), Facultad de Salud Pública, Programa de Posgrado en Nutrición en Salud Pública, Brasil. Doctoranda del Programa de Doctorado en Filosofía y pensamiento emancipatorio. Instituto de Filosofía de La Habana, Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) de Cuba, La Habana, Cuba.

 

Georgina Alfonso GONZÁLES Trabajó en la concepción y diseño de los datos; en la revisión crítica y en la aprobación de la versión que se publicará.

Doctora en Filosofía, Universidad de La Habana, Cuba. Instituto de Filosofía de La Habana, Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) de Cuba, La Habana, Cuba. Directora del Instituto de Filosofía de La Habana y Profesora del Programa de Doctorado Filosofía y Pensamiento Emancipatorio. Integrante Titular (Región 1. Caribe - Cuba) del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Artes y Humanidades (2025-2028).

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Agradecimientos

Al Instituto de Filosofia de La Habana, IF, Cuba. Programa de Doctorado Filosofía y pensamiento emancipatorio. Al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA). Al Grupo de Investigación: Paradigmas emancipatorios, pensamiento social crítico y procesos de cambio en Cuba y América Latina. A VIII Escuela Internacional de Posgrado: Paradigmas críticos de la emancipación en el Caribe y América Latina “Política, ideología y descolonización del Tercer Mundo. Un homenaje a Frantz Fanon y Patrice Lumumba en el centenario de sus natalicios”, organizada por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), la Oficina Regional para México, Centroamérica y Cuba de la Rosa Luxemburg Stiftung y el Instituto de Filosofía, Cátedra de Pensamiento crítico “Franz Hinkelammert” (Cuba).

 

Entidad financiadora

No hay.

 

Aprobación por un Comité de Ética y consentimiento para participar

No se aplica.

 

Consentimiento para publicar

Los autores autorizan la publicación de este trabajo.

 

Conflictos de interés

No existen conflictos de interés.

 

Editores responsables

Silvia Neves SalazarEditora en jefe

Maria Lúcia Teixeira GarciaEditora

 



[1]Los alimentos ultraprocesados son fórmulas industriales elaboradas en su totalidad o en su mayor parte a partir de sustancias extraídas de los alimentos (aceites, grasas, azúcar, almidón, proteínas), derivadas de constituyentes alimentarios (grasas hidrogenadas, almidón modificado) o sintetizadas en laboratorio a partir de materias orgánicas como el petróleo y el carbón (colorantes, aromatizantes, potenciadores del sabor y diversos tipos de aditivos utilizados para dotar a los productos de propiedades sensoriales atractivas). Las técnicas de fabricación incluyen la extrusión, el moldeado y la transformación previa mediante fritura o cocción. Ejemplos diversos tipos de galletas, helados, caramelos y dulces en general, cereales azucarados para el desayuno, pasteles y mezclas para pasteles, barritas de cereales, sopas, fideos y condimentos «instantáneos», salsas, aperitivos «de paquete», refrescos y gaseosas, yogurts y bebidas lácteas azucarados y aromatizados, bebidas energéticas, productos congelados y listos para calentar, como platos de pasta, pizzas, hamburguesas y extractos de carne de pollo o pescado empanados, como nuggets, salchichas y otros embutidos, panecillos, bollos para hamburguesas o perritos calientes, panes dulces y productos de panadería cuyos ingredientes incluyen sustancias como grasa vegetal hidrogenada, azúcar, almidón, suero, emulgentes y otros aditivos” (Brasil, 2014, p. 41, La traducción es de los autores).

[2] La comensalidad se entiende aquí como nuevas formas de organización colectiva orientadas a la posibilidad de construir un proyecto alimentario alternativo que conecte los saberes y experiencias de diferentes personas y sus expresiones, vínculos y símbolos con la comida y el comer. De esta forma, la comensalidad reafirma la importancia histórica y social de la alimentación como eje de la vida humana y demarca los cambios que se están produciendo en las prácticas alimentarias, dados los ajustes económicos y políticos para mantener la alimentación como mercancía y agroenergía.

[3] Podemos definir la soberanía alimentaria como “[...] el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias sostenibles de producción, distribución y consumo de alimentos que garanticen el derecho a la alimentación de toda la población, basadas en la pequeña y mediana producción, respetando sus propias culturas y la diversidad de formas campesinas, pesqueras e indígenas de producción agrícola, comercialización y gestión de los espacios rurales, en las que las mujeres desempeñan un papel fundamental [...]” (Foro Mundial sobre Soberanía Alimentaria, 2001, p. 4-5).   La soberanía alimentaria es el camino para erradicar el hambre y la desnutrición y garantizar una seguridad duradera y sostenible para todos los pueblos (Foro Mundial sobre Soberanía Alimentaria, 2001).