Argentina under
the Milei Government
Julio C. Gambina
Universidad Nacional de Rosario, Facultad
de Derecho, Rosario, Argentina (1985-2023)
e-mail: jcgambina@gmail.com
Resumen: Transcurridos 1000 días del gobierno de ultraderecha
de Javier Milei en la Argentina se necesita superar un análisis fenoménico
relativo al personaje y concentrarse en aspectos esenciales que hacen a la
reconfiguración del capitalismo local en el marco de la crisis y reorganización
del sistema mundial capitalista. Aspectos locales y globales son considerados
para intentar explicar la situación en el capitalismo en la Argentina y las
modificaciones económicas, políticas y culturales que manifiesta el gobierno de
la ultraderecha, al tiempo que se suscitan interrogantes sobre potenciales
rumbos alternativos.
Palabras
claves: Ultraderecha. Reconfiguración
capitalista. Ofensiva reaccionaria. Alternativas.
Abstract: After 1,000
days of Javier Milei’s far-right government in Argentina, it is necessary to
move beyond a phenomenological analysis centred on the individual and focus on
the essential aspects underlying the reconfiguration of local capitalism within
the framework of the crisis and reorganisation of the global capitalist system.
Local and global dimensions are considered to explain the situation of
capitalism in Argentina and the economic, political, and cultural changes
manifested by the far-right government, while also raising questions about
potential alternative paths.
Keywords: Far right. Capitalist
reconfiguration. Reactionary offensive. Alternatives.
I Introducción
Han trascurrido 1000 días del
gobierno de Javier Milei desde el 10 de diciembre de 2023, y a un año de las
elecciones presidenciales en octubre de 2027, la ultraderecha se prepara para
reelegir la gestión por otro mandato de 4 años, 2027-31. Incluso, hay plan B,
ya que, si Milei no pudiera ser candidato por descrédito ante el impacto
económico devastador sobre gran parte de la población afectada por el ajuste
fiscal y la baja de los ingresos populares, salarios y jubilaciones, hay varias
candidaturas ofreciéndose para asegurar la continuidad del proyecto de
reestructuración regresivo en la Argentina.
Los datos oficiales (INDEC, 2026a)
de la realidad son alarmantes y remiten a una catástrofe social. La pobreza
vuelve a crecer y se ubica en el primer semestre de 2026 en 32,3%, en ascenso,
ya que ese promedio incluye un indicador encima del 34% para el segundo
trimestre del 2026. Es un dato relevante y preocupante, desconocido para la
historia argentina del siglo XIX y XX. La pobreza se ha transformado en un
problema estructural del país en los últimos años, consolidando en el siglo XXI
a un tercio de la población bajo esa situación.
Otro indicador de la catástrofe
social es la irregularidad en el empleo, ya que el 50% de la fuerza laboral no
cuenta con seguridad social, afectando los ingresos actuales y futuros de la población
jubilada. El tema se agrava entre los jóvenes y el primer empleo, en donde
cerca del 70% ingresa a trabajar bajo condiciones de irregularidad,
flexibilización y precariedad laboral y salarial. Se trata de una cuestión que
ratifica la discriminación de género, agravando la explotación de la fuerza de
trabajo femenina y la diversidad sexual.
En rigor, hace medio siglo que la
Argentina vive bajo la ofensiva del capital contra el trabajo, con origen en la
dictadura genocida de 1976 y la continuidad esencial de aquel proyecto en los
años ´90 del siglo pasado, bajo gobiernos peronistas y radicales, con Carlos
Menem (1989-1999) y Fernando de la Rúa (1999-2001), y más recientemente con
Mauricio Macri (2015-2019) y ahora con Javier Milei desde 2023.
Hace medio siglo que en Argentina se
despliegan políticas de reconfiguración reaccionaria del capitalismo local,
cuyo impacto trasciende el orden económico y se proyecta a la política,
evidenciando una crisis de representación, una hipótesis que nos puede permitir
una explicación del rápido ascenso de un outsider
de la política hasta hace poco en el ejercicio del gobierno.
Los cambios operan en las
modificaciones regresivas de la relación capital y trabajo; pero también en la
redefinición de la relación estatal, colocando a la política pública y al
aparato estatal en función de las demandas más radicales del gran capital, vía
privatizaciones y desregulaciones. Claro que también supuso una reorientación
de la política de inserción internacional, que con Milei se concentra en la
subordinación a EEUU y a Israel. Es una definición asumida a favor de los valores occidentales y la opción por
potenciar al capitalismo bajo hegemonía de EEUU, en desmedro de la pretensión
multipolar liderada por China. De hecho, Argentina declinó el convite a ser
parte del BRICS plus desde enero del 2024, la primera medida de Milei
anticipando su alineamiento internacional.
II
Reorganización productiva
En un informe reciente señalamos “[…]
una tendencia de mediano plazo de estancamiento […]” (Gambina; Castiglioni,
2026) de la economía local. Una tendencia de arrastre desde el 2010.
La política de Milei supone una
reorganización productiva de la Argentina, superando la tradicional producción
agro-ganadera de exportación para diversificar el extractivismo
al sector de hidrocarburos y la minería. De hecho, el petróleo crudo con 6.781
millones de dólares de exportaciones, se ha transformado en el principal
producto de exportación en el primer semestre del 2026, aun cuando el complejo
sojero con 9.082 millones de dólares se mantiene al frente por encima del
petrolero petroquímico con 8.116 millones de dólares (INDEC, 2026b).
Históricamente, los registros
muestran a la Argentina como importador petrolero. El país tenía petróleo sin
ser un país petrolero. La política estatal remitía al cuidado de las reservas
probadas, completando la producción local con importaciones de crudo y
derivados. Desde la privatización de la empresa pública en los ´90 se exacerbó
la producción con tendencias al agotamiento de las reservas. La puesta en funcionamiento
del yacimiento de vaca muerta y los
hidrocarburos no convencionales, han transformado al país en un productor y
exportador de petróleo y gas, cuarta y segunda reserva mundial de shale. Así, la balanza energética es superavitaria y
creciendo en la perspectiva del futuro cercano. La petrolera YPF, es una
empresa privada con capital externo, de gestión pública, derivada de tenencias
accionarias por el 25% en manos de las provincias petroleras y 26% del Estado
nacional.
La minería es la otra novedad del
modelo productivo local. Argentina no era considerado un país minero, si con
minería. Con los cambios institucionales en los ´90 se generaron las
condiciones de posibilidad ara una expansión del negocio minero, subordinado a
la dinámica de los grandes operadores internacionales de la minería. Remite el
informe citado sobre las exportaciones de oro y plata que si se
considera la serie 2002-2026, el complejo registró ventas récord en el último
semestre, del mismo modo que ocurrió con el litio, siendo ello novedades
en las exportaciones argentinas.
Minería e hidrocarburos son la
novedad que diversifica la producción primaria del país más allá de la pampa
húmeda y adiciona nuevas territorialidades a la acumulación capitalista,
diversificando el mapa productivo del país. A ello se adiciona la potencia de
la economía del conocimiento y el estímulo a convertir a la Argentina en
territorio de la inteligencia artificial liberada de todo control y
regulación.
Ese crecimiento de estos sectores
asociados a la internacionalización de la producción local y a la
transnacionalización del capital explican los datos de aumento del PBI en 2025
del 4,4%, superando las caídas del 2023 por (-1,9%) y del (-1,3%) en 2024. Hay
muchas dudas para sostener esos guarismos en el presente y futuro cercano, en
un marco de ralentización del crecimiento mundial. La apuesta del gobierno es a
la radicación de inversiones externas en los nuevos territorios de la
acumulación capitalista y para eso generó mecanismos fiscales y crediticios
para atraer a grandes inversores internacionales.
Para ello se legisló el Régimen de
Incentivos a Grandes Inversiones, el R.I.G.I, para inversiones de por lo menos
200 millones de dólares, con beneficios en ascenso para montos de 1.000
millones. La propuesta avanza con un súper RIGI para estimular ingresos de
fondos superiores y la intencionalidad de industrializar la explotación minera
y petrolera. Una crítica al RIGI puede encontrarse en las reflexiones de
Luciana Ghiotto, quien señala que “[…] El RIGI crea un sistema paralelo de
justicia para las corporaciones” (Ghiotto, 2026, no paginado).
La política productiva privilegia el
tradicional sector agro ganadero y adiciona la minería y el petróleo junto a la
economía del conocimiento, de la cual la Argentina presenta algunas
potencialidades en la dotación de personal especializado y zonas de radicación
para Centros de Datos en territorios de abundancia de agua y adecuadas
condiciones climáticas, especialmente en la Patagonia.
A contramano de esa evolución, los
sectores tradicionales de la economía local, la industria, la construcción y el
comercio muestran signos preocupantes. Es un hecho que la actualización
informativa verifique que el país está a punto de confirmar dos trimestres de
caída en su capacidad de producir y por tanto se explicite una recesión técnica. Señala el INDEC que
“En julio de 2026, el estimador mensual de actividad económica (EMAE) registró
una caída de 1,4% en la comparación interanual (i.a.)
y de 2,9% respecto a junio en la medición desestacionalizada (s.e.)” (INDEC,
2026c, p. 3). Se destaca la baja de la construcción -3,3%, la industria
manufacturera -4,6% y el comercio mayorista, minorista y reparaciones -5,1% (INDEC,
2026c, p. 8).
Entre otros aspectos, sobresale el
cierre de más de 30.000 empresas bajo la gestión Milei.
Sostenemos en el escrito citado
sobre los 1000 días de gobierno Milei que
[…] según el último Informe de la Situación y
Evolución del Trabajo Registrado (SIPA) con datos de mayo de 2026, desde
noviembre 2023 se perdieron 241.176 puestos laborales registrados del sector
privado, 79.865 empleos registrados del sector público y 16.324 empleos
registrados en casas particulares, mientras que aumentaron los monotributistas en 160,573 personas (Gambina; Castiglioni,
2026).
A eso debe sumarse la caída de los
ingresos populares, salarios y jubilaciones, lo que explica la recurrente
disminución del consumo, agravado con una tendencia al crecimiento de las
tarifas de servicios públicos que deteriora la capacidad de satisfacer necesidades
de la mayoría de la población que vive de ingresos fijos. Un informe del IAG,
Instituto Argentina Grande divulgado en la prensa destaca
Desde diciembre de 2023, la canasta de servicios
públicos del AMBA acumula un incremento del 966%, mientras que el nivel general
de precios subió 241% en el mismo lapso. El salto más pronunciado lo registró
el gas, con un avance del 2.185 por ciento. En ese mismo período, según el IAG,
la tarifa de luz subió un 1.065% para los hogares con subsidio y un 509,5% para
los que no lo tienen, contra una inflación del 320 por ciento (Las tarifas…,
2026, no paginado).
La reorganización productiva a que
aludimos se asocia al límite del modelo productivo del desarrollo capitalista
local. En efecto, el modelo aperturista gestado entre 1860/80 y 1930 fue
sustituido por la industrialización dependiente desplegada desde comienzos del
siglo XX y potenciada entre 1930 y 1975, hasta la crisis de rentabilidad de los
60/70 (Gambina, 2013).
Una crisis, la de los 60/70, que
mostró el límite de las políticas desarrollistas y con ello la
reformulación del modelo productivo y de desarrollo. En esa lógica es que debe
pensarse el proceso de reconfiguración bajo gestión Milei. No se trata de una
novedad. No es posible el presente de cambio estructural regresivo sin las bases
instaladas bajo la dictadura genocida entre 1976 y 1983, incluso con el avance
e institucionalización de los cambios de los ´90, con privatizaciones y
desregulaciones, reforma constitucional mediante hacia 1994, otorgando la base
jurídica de transformaciones profundas que pueden explicar el presente
reaccionario.
La reorganización en curso, bajo
gobierno de Milei supone un largo proceso, de medio siglo desde 1976 para
generar las condiciones de posibilidad, no solo en el ámbito institucional,
sino y muy especialmente en la generación de una subjetividad favorable al
rumbo liberalizador y privatista, claro que mediado por la manipulación
mediática de grandes operadores concentrados de la propaganda ideológica
liberalizadora.
En ese sentido vale mencionar que el
proceso de lucha y organización popular de estos años mantuvo, esencialmente,
un programa de reivindicaciones a contramano de esta lógica impuesta por las
clases dominantes, locales y extranjeras, excluyendo de esas demandas a los
nuevos excluidos que explican la creciente informalidad del empleo. La
fragmentación social es el resultado del cambio de modelo de acumulación en
este medio siglo y muchas reivindicaciones populares no contemplaron esta
diferenciación, entre una masa disminuida de trabajo formal y una creciente
informalización del empleo. La consigna defender los derechos adquiridos,
correcta para los regularizados, los formales, no era percibida así por los
informales o irregulares en el empleo.
Hacia fines de la dictadura se pensó
en el retorno a la lógica de acumulación previa y se sostuvieron demandas del
modelo productivo y de desarrollo anterior. Los programas económicos y
políticos pretendían el retorno al momento del golpe, a lo que acontecía en
1975/76, el momento de mayor acumulación de poder popular y sindical, con una
distribución del ingreso definida por el fifty-fifty,
es decir, paridad en la distribución del ingreso entre el capital y el trabajo.
Desde la dictadura genocida (1976-83), no solo se produjo una regresión en la
distribución del ingreso, sino que se avanzó en la pérdida de derechos
sindicales, sociales, colectivos, individuales, incluso desde la prohibición de
organización política del movimiento popular.
En rigor, de un país de
industrialización principalmente orientado al mercado interno desde fines del
siglo XIX hasta fines del XX, se fue imponiendo una dinámica de inserción
productiva en la demanda y lógica del capitalismo mundial, con cambios profundos,
no solo en el orden económico, como señalamos, sino también en la política y en
la sociedad. Se consolidaba un modelo primario exportador más allá del sector
agro ganadero de exportación, que se consolida en el presente, bajo gestión
Milei, con la novedad de las importantes exportaciones de energía y minería.
La base material productiva
modificada construyó nuevos imaginarios culturales y sociales sobre la que se
edificó la representación política de la ultraderecha, ahora con sustento
electoral y que convoca a revisar la estrategia de acumulación popular con
perspectiva emancipadora.
III Crisis
política
Un dato relevante para intentar
entender el consenso electoral al gobierno de Milei debe buscarse en la crisis
de representación política derivado de los cambios estructurales regresivos en
el capitalismo local. El cambio en el modelo productivo reorganiza el bloque
dominante en el poder y alienta cambios en los proyectos que definen el rumbo
civilizatorio en la coyuntura.
La dinámica de organización
económica y política de la sociedad construye las representaciones políticas en
cada momento histórico. Por eso, la etapa del desarrollo agroexportador entre
1860/80 y 1930 tuvo como ariete esencial el proceso de inmigración (demanda de
fuerza laboral) y la presencia hegemónica en el bloque del poder del capital
externo, al que se asoció el capital terrateniente. Ello fue acompañado de una
política de construcción de la identidad nacional
y con ello, las diferentes representaciones que emergieron en el movimiento
popular.
Ambos fenómenos, la organización de
la clase obrera (inmigración y migraciones internas), junto a la dominación del
capital externo, fueron condicionantes estructurales de un proceso de
organización sindical y política de tipo clasista, con influencias anarquistas,
socialistas y comunistas, en el marco de la preeminencia del capital externo y
una lógica de producción para la exportación, principalmente hacia Inglaterra,
potencia hegemónica mundial.
En esas condiciones de
contradicciones y conflictividad social emergieron nuevas experiencias de
organización popular y política. Habitualmente se habla del proyecto de la
generación del 80 del siglo XIX, con el foco colocado en el proyecto de las
clases dominantes, pero si lo analizamos desde la experiencia de lucha y
organización de las clases subalternas, apreciamos otras perspectivas
civilizatorias, influenciadas para la lógica de revolución que impregnaba al
movimiento obrero y popular global. Aludimos a un tiempo de protagonismo
popular con el voto universal masculino, la construcción de una novedosa
institucionalidad popular y la presencia de nuevos partidos políticos asociados
a las demandas populares, entre ellos el radicalismo y el socialismo.
Surge en ese camino el primer
gobierno electo bajo reglas constitucionales en 1916, dando identidad a una de
las fuerzas políticas, el radicalismo,
de larga tradición en la Argentina hasta la crisis que explicita el acceso de
las derechas al gobierno por el voto masivo en el primer cuarto del siglo XXI.
La crisis del 29/32, incluso de 1914
a 1945, por ende, el ciclo de las guerras mundiales, supusieron cambios en el
capitalismo mundial y local, orientando la dinámica productiva hacia la
industrialización por sustitución de importaciones, que propondrá generalizar
en la región latinoamericana y caribeña la Comisión
Económica para América Latina (CEPAL), organismo de
Naciones Unidas creada hacia 1948, luego de la posguerra mundial para empujar
nuevas políticas de desarrollo.
Es en ese marco de expansión de la
fuerza laboral es que surge el peronismo
hacia 1945/6, como identidad mayoritaria de las trabajadoras y los trabajadores
en la Argentina. Con el peronismo se generaliza el voto universal, con la
participación femenina desde 1952 en los procesos electorales. Aludimos a una
nueva representación política en el marco de cambios sustanciales del régimen
del capital en el ámbito mundial y local.
Las tradiciones políticas se
conforman en ese ciclo histórico originario de la extensión capitalista en el
país, con el anarquismo, el socialismo y el comunismo, hegemónicos entre las
clases subalternas entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, y un nuevo
ciclo político con nuevas referencias políticas que disputan gobierno desde
1912/16 con el radicalismo y desde 1945 con el peronismo, afianzado la
representación en el ámbito social, estudiantil y sindical. El radicalismo
entre el estudiantado, en donde sobresale el movimiento de la reforma
universitaria de 1918 y el peronismo desde 1945 en el sindicalismo, desplazando
y posicionando como minoría a la tradición clasista histórica de manarquistas, socialistas y comunistas.
En rigor, desde 1916 y hasta el
2015, todos los presidentes constitucionales[1] provenían del radicalismo (Hipólito Irigoyen, Marcelo
T. de Alvear, Arturo Frondizi, Arturo Illia, Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa)
o del peronismo (Juan D. Perón, Héctor J. Cámpora, Estela Martínez de Perón,
Carlos Menem, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner, Alberto
Fernández).
Recién en 2015, un siglo después del
primer presidente resultado del voto de la población, asume el primer
presidente no radical ni peronista, Mauricio Macri (2015-19). Era una señal de
la crisis de representación política en la Argentina, que habilitó por primera
vez el acceso de una fuerza de la derecha al gobierno por la vía electoral.
Hasta ese momento, la derecha había gobernado bajo dictaduras resultado de
golpes de Estado, propiciados entre 1930 y 1983.
Las derechas accedían al gobierno
por vía de los golpes, ahora, desde el 2015, lo harán con el consenso
electoral. Las fuerzas tradicionales de la representación política mayoritaria
daban lugar a una nueva expresión de la política.
El bipartidismo radical peronista
terminaba con expresiones, fracciones, de estos dos partidos diluidos en la
nueva formación política. En efecto, el PRO, el partido de Macri, incluía
fracciones de las dos formaciones políticas tradicionales: radicalismo y
peronismo.
Con la no renovación presidencial de
Macri en 2019, retornó el peronismo con la principal referente, Cristina
Fernández de Kirchner, secundando la formula encabezada por Alberto Fernández.
Esa gestión, entre 2019 y 2023, incumplió las expectativas de los votantes y
habilitaron el inesperado triunfo de Javier Milei, quien, desde la profesión de
panelista de TV, outsider de la política, desplazó a la tradición política del
peronismo e incluso a la nueva fuerza emergente del macrismo.
Muchos análisis coincidieron en que
esa experiencia no duraría por las características del personaje que asumía la
gestión presidencial. Mucho debate se procesó en torno a ese diagnóstico, pero
la realidad es que ya pasaron 1.000 días y se acerca el proceso de renovación
presidencial en octubre del 2027 y a la cabeza de las preferencias, por ahora,
aparece la reelección. En nota periodística reciente se señala que el partido
del gobierno nacional La Libertad Avanza obtendría el 35% de los votos, el peronismo
el 33%, la izquierda del FITU el 8%, el PRO de Macri un 7%, otras propuestas se
dividen el 6%, en blanco el 4% y un 7% no sabe no contesta (Leibovich, 2026).
Se especula que en una segunda
vuelta, ballotage, se repita la situación de la elección del 2023 y aun con
diferencias con la gestión o el perfil del presidente, la derecha aúne
voluntades para reiterar un gobierno de Javier Milei entre 2027 y 2031.
Es cierto que el escenario puede
cambiar sustancialmente si crece el descontento y la protesta por el impacto
social de una economía de miseria para la mayoría de la población que vive de
ingresos fijos, incluso de sectores medios que viven del mercado interno y la
capacidad de compra de la mayoría de la sociedad. Pero se trata de “política” y
la sorpresa de la derecha gobernando con consenso electoral es aun materia de análisis. Más aún si no aparece el
entusiasmo por una propuesta alternativa a la oferta liberalizadora de la
ultraderecha.
La izquierda sostuvo su identidad en
el movimiento social popular con baja presencia electoral, con presencia de
destacadas personalidades en el ámbito legislativo y sin presencia en los
cargos ejecutivos. Se destacan Alfredo Palacios, Juan B Justo, Jesús Mira, Juan
Carlos Comínguez, Alfredo Bravo, Héctor Polino, Luis Zamora, Floreal Gorini,
entre otros. Esa presencia legislativa reaparece como minoría en los primeros
años noventa del siglo pasado en una llamativa alianza de comunistas y
trotskistas bajo la sigla de la Izquierda Unida (Zamora, Gorini9), que producto
de sucesivas divisiones no emerge hasta la aparición de la alianza en 2011 de
tres partidos de la tradición trotskista, el FIT, el Frente de Izquierda de los
Trabajadores, luego FITU desde 2019, incorporando una cuarta agrupación y el
aditamento de Unidad. Desde 2013 tiene representación legislativa y ante la
crisis de representación política tradicional logra en el presente una
importante visibilidad de una de sus referentes, Myriam Bregman, militante de
los DDHH y comprometida con las luchas, demandas y conflictos sociales.
Hay un proceso de reconfiguración
política en la Argentina. La novedad es la ultraderecha que accede al gobierno
por el voto y sostiene niveles de consenso electoral con aspiración de renovar
para un segundo periodo. La crisis de los partidos tradicionales, el
radicalismo y el peronismo es evidente, aun cuando el partido de Perón aparece
como la principal fuerza política de oposición con capacidad de gobernar. No
está claro a esta altura ni quien encabezará la propuesta y mucho menos el
programa de gobierno. Por primera vez en la historia, la izquierda emerge con
un potencial de representación política que motiva múltiples análisis sobre sus
alcances y posibilidades en el corto y mediano plazo.
Lo que está claro es que las
representaciones políticas tradicionales han cambiado. Ya no se puede pensar en
términos de bipartidismo entre el radicalismo y el peronismo, un clásico de la
segunda mitad del siglo XX, ni en el carácter de bi-coalición
entre macrismo y kirchnerismo de los
primeros años del siglo XXI. La ultraderecha emerge como un actor político
competitivo en la escena electoral y la izquierda puede intervenir por primera
vez en la disputa por el gobierno. Cambió el modelo productivo y de desarrollo
y también la política, con un final abierto respecto del rumbo en el corto y
mediano plazo.
IV Lo global
juega: el contexto
Hemos aportado argumentos locales
sobre el fenómeno Milei, aunque debe señalarse que su emergencia y sostén está
asociado a una dinámica global de la política en el capitalismo contemporáneo.
El capitalismo en su ofensiva de
universalización, vía el colonialismo en los siglos XVII y XVIII, se encontró
con variadas resistencias a las que enfrentó violentamente y de modo recurrente
en todo el planeta, hasta la revolución en Rusia (1917), que en términos
históricos puso al régimen del capital a la defensiva. Esa defensiva se procesó
durante buena parte del Siglo XX, políticas keynesianas y Estado benefactor
mediante. Las prácticas reformistas ante la crisis del ´30, el keynesianismo y
el Estado benefactor, las concesiones
del proceso de conciliación de clases,
son respuestas a la sorpresa y éxito inicial de los bolcheviques, más aún luego
del fin de la segunda guerra mundial y la emergencia de un mundo bipolar desde
1945 a 1991.
No hay previsibilidad en la
construcción humana y la propuesta por el socialismo generó consensos variados
y renovadas experiencias para revolucionar la sociedad mundial., sea en China,
Cuba, Vietnam o en el tercer mundo de
África, Asia o América Latina y el caribe.
Claro que la expansión de la revolución por la emancipación y el
socialismo indujo múltiples iniciativas de réplica, boicot y desestabilización
de procesos, todo en el marco de la guerra
fría. Aludimos a una dinámica que fructificó ante el fracaso del socialismo
realmente existente y devino en la crisis del socialismo en los 80/90 del siglo
pasado, objetando en el imaginario social global la posibilidad de la
construcción anti capitalista y recreando el horizonte de lo único posible: el
capitalismo.
Será el momento de abandonar la
lógica defensiva para recuperar la
ofensiva del capital sobre el trabajo y reorganizar el sistema mundial.
La crítica al socialismo supuso la
ofensiva capitalista al punto de instalar las concepciones del fin de la historia, del marxismo y de la
lucha de clases, todo lo cual, entre los ´70 y los ´90 del siglo pasado dio
nacimiento a las políticas de liberalización, profesadas por la Escuela de
Chicago y la austríaca (Gambina, 2021).
Nuevamente el liberalismo adquiría
visibilidad y el neoliberalismo se
constituyó en referencia global, primero desde las dictaduras del cono sur de
América y luego desde Gran Bretaña y EEUU en los ´80 de la pasada centuria.
La instalación del fracaso del
objetivo socialista y la ofensiva capitalista habilitó un nuevo tiempo de
expectativa para el resurgimiento del capitalismo en crisis, pero ya sin el
enemigo de la bipolaridad. La desmesura
capitalista se encontró con las resistencias de los pueblos a la globalización
neoliberal o capitalista, en luchas contra el libre comercio o distintas formas
de suprimir proyectos soberanos.
Esas resistencias, desde Chiapas a
Caracas, de Argentina a Brasil, de Bolivia a Ecuador, generaron nuevas
expectativas a procesos de liberación, puestos de manifiesto en nuevos
gobiernos en la primera década del siglo XXI. Esta dinámica de resistencia acontece
en todo el planeta, por lo que el 2001 sintetizará en la propuesta
multitudinaria del Foro Social Mundial en Porto alegre, Brasil, para darle
visibilidad a un movimiento global de resistencia, al neoliberalismo para
algunos y contra el capitalismo para otros.
Fueron procesos que en la región
latinoamericana y caribeña volvieron a traer el debate por el socialismo,
comunitario o del siglo XXI, junto a la recuperación de proyectos ancestrales
para el nuevo tiempo, el Vivir Bien o Buen Vivir. De ese proceso hay mucho por
escribir y balancear, pero lo acontecido, sin avanzar en cambios profundos de
la economía y la política, esas experiencias fueron perdiendo consenso y
generalizando la decepción en la política, en los partidos tradicionales y en
la izquierda, habilitando lugar a los procesos emergentes de la derecha. Una
derecha que se presentaba como una novedad, con discurso simplista y atractivo
desde el imaginario individualista.
La izquierda y sus proyectos fueron
derrotados en los ´70, especialmente en la región latinoamericana, y en los
´90, con la desarticulación de la URSS y el campo socialista en Europa del
Este, incluyendo límites propios de esas experiencias a nombre del anticapitalismo
y del socialismo. El principal efecto fue la inhabilitación cultural en la
conciencia social masiva de la posibilidad de transformación social en el
imaginario colectivo.
Remito en este sentido al desafío
que supone gestar una tarea pendiente para generar conciencia de posibilidad
por construir un mundo bajo otras reglas de organización socio económica y
política, en el sentido de José Carlos Mariátegui, quien convocara
oportunamente: “No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América
calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida con nuestra
propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indo-americano. He
aquí una misión digna de una generación nueva”. (José Carlos Mariátegui,
“Aniversario y Balance”, editorial de Amauta, año II, núm. 17, Lima, septiembre
de 1928. Reproducido posteriormente en Ideología y Política, Lima, Empresa
Editorial Amauta, 1972, p. 249). Al mismo tiempo sostenía el mito de la
revolución socialista como inspiradora de la estrategia del movimiento
obrero y popular en la región (Gambina, 2024).
La emergencia de Javier Milei debe
inscribirse en este ciclo histórico, de ofensiva capitalista y descrédito de la
propuesta socialista. Incluso, bajo las nuevas condiciones de la economía
mundial, la República Popular de China no funge como otrora la Unión Soviética.
El presidente argentino privilegia en sus discursos la prédica contra el
socialismo, que en rigor no es solo contra Marx y sus teorías, sino a todo lo
que no se encolumne detrás de la ortodoxia, por lo que polemiza con Keynes e
incluso con la escuela neoclásica, en un libro dedicado “A mis hijos de cuatro
patas, Conan, Murray, Milton, Robert y Lucas, por su amor incondicional”[2] (Milei, 2024, p. 5.)
Además, los cambios en la
organización de la producción y la circulación de capitales, mercancías y
servicios, supone nuevas formas de la convivencia y la sociabilidad de las
personas, más allá de la producción y circulación de bienes y servicios.
La organización sindical, social,
política y cultural sufrió cambios sustanciales en estas últimas décadas. Vale
mencionar que en el momento de máxima socialización se asiste un encumbramiento
del individualismo exacerbado, mediado por dispositivos electrónicos vinculados
en red y que aíslan a los individuos. Algo similar destacó Karl Marx en su
Introducción, destacando que
La producción realizada fuera de la sociedad por el
individuo aislado –hecho excepcional, que podría sucederle a un civilizado
transportado por azar a un lugar desierto, y que poseyera ya en potencia las
fuerzas propias de la sociedad- es algo tan absurdo como la idea de un
desarrollo del lenguaje sin la presencia de individuos viviendo y hablando
juntos (Marx, 1857, reeditado y comentado en 2008).
En 2007/09 la crisis estalla y pone
en debate la reorganización capitalista que aparecía triunfal ante el fin de la
bipolaridad entre socialismo y capitalismo. Ese es el contexto para que una
década después hace su aparición Donald Trump en la política estadounidense y
las consecuencias que ello supone para un liderazgo de las derechas globales.
En efecto, el acceso de Trump a la presidencia de EEUU, especialmente en su
segundo mandato, acontece cuando China ya se constituyó en un proyecto que
disputa la hegemonía del sistema mundial. De representar un 1% del PBI mundial,
alcanza ahora el 16% y un claro predominio en la producción fabril global, en
el comercio internacional y con peso creciente en las finanzas, totalizando
para el 2025 19,5 billones de dólares. Por su parte, EEUU continua en el
liderazgo de la economía mundial, detentando un 26% del PBI mundial, con 30,8
billones de dólares para el 2025 (Grupo Banco Mundial, c2026).
La crisis del 2007/09 y luego la
pandemia por el COVID19 devuelven una realidad de ralentización de la economía
mundial, según pueden leerse en los informes del FMI o del BM entre muchos
entes especializados en el seguimiento de la coyuntura mundial. En ese marco,
en el Foro Económico Mundial, en DAVOS, se sustentó la necesidad de resetear el orden global bajo la
propuesta del Gran Reinicio, o Gran Reseteo (Villamuera,
2021).
Como en cada crisis mundial del
capitalismo, lo que opera es una reestructuración del orden capitalista, que,
bajo las nuevas condiciones del conflicto social, la lucha de clases, se
procese un nuevo acuerdo, un new deal
se sostuvo a la salida de la crisis del 30 del siglo XX. En aquella ocasión
aconteció la novedad de la intervención directa del Estado en la producción y
circulación de bienes y servicios, recreando el ciclo de valorización del
capital. En la crisis de los 60/70 y con una crítica a la solución intervencionista, se impulsó la liberalización, recuperando la categoría del libre comercio, la
libre competencia, el libre cambio. Ahora, ante la crisis que se procesa desde
el 2007/09 existe una búsqueda que se asienta materialmente en la innovación
tecnológica, la robótica y la inteligencia artificial, que tiene a china y a
EEUU en la vanguardia de la disputa por la tecnología de frontera que otorgue
base material a la reorganización del sistema mundial.
En ese marco, lo que tenemos es una
aceleración del capitalismo delictivo, el comercio de drogas, armas y la trata
de personas, junto a la especulación y la dominación del capital ficticio. Por
eso la violencia y el genocidio, la guerra y la militarización, afectando el
gasto social y el bienestar de la humanidad, al tiempo que se afecta a la
propia naturaleza en aras del productivismo al servicio de la máxima ganancia y
la acumulación capitalista. En ese contexto llego Milei a gobernar la Argentina
y constituirse en abanderado del proyecto Trump en la región, el hemisferio
occidental según reza la política exterior estadounidense.
V En síntesis
Argentina es parte del fenómeno de
avance de la ultraderecha en el sistema mundial, y el gobierno de Javier Milei
evoluciona en su alineamiento con occidente,
más precisamente con EEUU e Israel, modificando una tradición de política
exterior orientada con el no alineamiento.
Es cierto, que este camino es una profundización del rumbo asumido por la
dictadura genocida en 1976/83 y los gobiernos constitucionales de la década del
90.
Este presente remite a una historia
de medio siglo, que incluye más de cuatro décadas de gobiernos constitucionales
avalados por elecciones. El consenso electoral de los partidos políticos
mayoritarios en el gobierno desde 1983 y su capacidad para subordinar a la
burocracia política, sindical, intelectual, cultural y al conjunto del sistema
de instituciones que definen el funcionamiento del sistema político argentino
generó las condiciones de posibilidad para el acceso al gobierno de un
presidente que se asume liberal libertario,
anarco-capitalista, a contramano de
la lógica histórica libertaria y anarquista. Es cierto que la lucha popular
condicionó esos procesos y existieron momentos de límite a la ofensiva
liberalizadora, pero que al no producir procesos ideológicos y políticos para
transformar a fondo la situación y revertir las reaccionarias reformas que se
acumulan desde 1976, no solo no se avanzó, sino que se habilitaron
posibilidades para profundizar las reaccionarias políticas. Sobre esos legados
estructurales remitimos al caso del régimen y legislación financiera (1977) o
la sumisión a los acreedores externos por una deuda pública odiosa, ilegal o
ilegitima que hipoteca al país desde el origen de la dictadura. Al no remover
esos escollos estructurales, el
acceso de las derechas al gobierno exacerba el rumbo civilizatorio local en
contra de la sociedad y de la naturaleza.
Javier Milei se autodefine como un topo
que viene a destruir el Estado y sin embargo no escatima en los usos
estatales, caso de la seguridad o represión, pero también la corrupción
en los estamentos del gobierno para hacer avanzar su reaccionario proyecto
político.
La experiencia de esta gestión con
Milei en el gobierno genera múltiples análisis, pero especialmente convoca a
pensar la recreación de una estrategia popular, de los trabajadores y las
trabajadoras en este tiempo de fragmentación social. No solo para revertir la
masacre social que vive el país, sino para entusiasmar a la sociedad en la
organización y lucha por un orden económico social alternativo, en contra y más
allá de la mercantilización, la subordinación al capital concentrado y
habilitar un debate para construir un proyecto asentado en las aspiraciones y
necesidades de la mayoría del pueblo argentino.
No se trata solo de la lucha en
contra del capitalismo, el imperialismo y las nuevas formas de la colonización,
sino de pensar con un horizonte de superación del orden vigente, recuperando
tradiciones de la vida en común, de organización comunitaria, cooperativa,
autogestionarias. Superar a Milei y a las ultraderechas contemporáneas supone
ir más allá de la confrontación al régimen del capital. Se trata de pensar en
un objetivo que trascienda la inmediatez electoral y se proyecte como
construcción local, regional y mundial para la discusión de otro presente y
futuro, de una sociedad para la satisfacción de las necesidades, a contramano
del lucro, el productivismo, la devastación, y al servicio de la reproducción
de la humanidad y de la naturaleza.
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Julio C. Gambina
Doctor
en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires, Argentina). Profesor titular
de Economía Política 1985-2023 (Universidad Nacional de Rosario, Argentina).
Presidente alterno de la Sociedad de Economía Política y Pensamiento Crítico
(SEPLA). Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas (FISyP).
Director del Instituto de Estudios y Formación de la Central Trabajadores
Argentinos (CTA Autónoma).
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Editor
Programa de Posgrado en Política
Social de la Universidad Federal de Espírito Santo.
Histórico
Recibido el: 01-10-2026
Aprobado el: 13-10-2026
Publicado el: 03-11-2026
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Copyright (c)
2026 Julio C. Gambina. Este trabajo está
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